El precio de la carne vuelve a estar en el centro de la escena económica y del bolsillo. En los últimos meses, sus aumentos no solo superaron ampliamente a la inflación general, sino que además amenazan con seguir empujándola hacia arriba.
Entre noviembre y febrero, la carne subió 27,6%, más del doble que el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que avanzó 11,6% en el mismo período. Según la consultora Equilibra, sin este salto la inflación habría sido del 10%, lo que confirma su peso decisivo.
Por qué sube: presión externa y menos oferta
El fenómeno tiene múltiples causas. Por un lado, el contexto internacional empuja: el precio global de la carne está en niveles récord. Según el Banco Mundial, el valor en dólares aumentó 14,5% en los últimos meses.
A nivel local, Lorenzo Sigaut Gravina explicó que el precio de la hacienda subió 37% en cuatro meses, impulsado por exportaciones más atractivas, el tipo de cambio y el ciclo ganadero.
En la misma línea, Gabriel Caamaño señaló que, con una economía más abierta, la carne se volvió más sensible al dólar, lo que acelera el traslado a precios internos.
Desde la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina agregaron otro factor clave: la oferta viene cayendo tras años de sequías e inundaciones que redujeron el stock ganadero.
El punto crítico: decisiones que pueden subir aún más los preciosEl foco ahora está en lo que viene. Con precios en dólares en niveles históricamente altos, los productores tienen incentivos para invertir y aumentar la producción.
Pero hay una paradoja: para hacerlo deben retener vientres, lo que reduce la cantidad de carne disponible en el corto plazo y presiona los precios al alza. El economista Pablo Gerchunoff lo sintetiza: “Si invertís, baja la oferta hoy y suben más los precios”.
Golpe al consumo y señales de alerta en la industria
El impacto ya se siente. Según el INDEC, la carne subió 63,6% interanual, con fuertes alzas en cortes como el asado y el cuadril.
El consumo cayó a 47,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en 20 años, reflejando tanto la pérdida de poder adquisitivo como el cambio hacia carnes más económicas.
Al mismo tiempo, frigoríficos enfrentan cierres y suspensiones, lo que evidencia que la suba de precios no beneficia a toda la cadena por igual.
En este escenario, la carne deja de ser solo un producto clave de la dieta argentina para convertirse en uno de los factores centrales que pueden definir el rumbo de la inflación en los próximos meses.