Pero más allá de las historias y las anécdotas, Brizuela destacó aquello que, según entiende, debe quedar después de tantos años de enseñar.
“Yo siempre digo, cuando por ahí te encuentra gente que paso por el ballet en la vida, te saluda, te da un grito lindo en la calle, eso es tan grato y tan lindo, gratis, gratificante”, expresó.
Después de 46 años de historia, más de 10.000 bailarines y cuatro décadas de ENIF, Brizuela sintetizó el vínculo que mantiene con el encuentro con una frase que resume toda una vida dedicada a la danza:
“Es un chico grande ya, pero lo seguimos cuidando”.