Pese al avance de las denuncias, el oficialismo no muestra señales de apartar a Adorni. La decisión combina respaldo político y una estrategia para evitar una señal de debilidad en medio de la crisis.
Sin embargo, el costo es creciente. La acumulación de cuestionamientos y la exposición de tensiones internas colocan al Gobierno frente a un escenario complejo, donde sostener a un funcionario clave también implica asumir mayores riesgos políticos.