Tras la votación, Macron celebró el resultado y agradeció a los legisladores por un debate “constructivo y respetuoso”. Desde la Iglesia católica francesa, en cambio, expresaron su rechazo y advirtieron que la norma representa “una ruptura grave” en la historia del país. “Nuestra relación con la vulnerabilidad, la vejez, la discapacidad o la enfermedad cambiará”, señaló la Conferencia Episcopal.
De recibir el aval definitivo, Francia se sumará al grupo de países que permiten la muerte asistida, como Bélgica, Países Bajos, Suiza, Canadá y Uruguay. La aprobación se perfila como una de las reformas sociales más significativas desde la legalización del matrimonio igualitario en 2013.