El Gobierno argentino descartó responder con medidas diplomáticas a las críticas del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, tras los dichos de Javier Milei. En la Casa Rosada aseguran que no habrá notas de protesta ni gestiones oficiales y que la disputa se mantendrá en el terreno discursivo.
“No vamos a responder”, señalaron fuentes oficiales, posición ratificada por el vocero presidencial Adrián Ravier, quien sostuvo que las diferencias entre Milei y Lula son “ideológicas y políticas” y que la Argentina no busca trasladarlas al plano diplomático.
Estrategia de confrontaciónEl oficialismo interpreta el episodio como parte de la lógica de polarización que Milei aplica en la política local y que ahora busca replicar en el plano internacional. “Milei siendo Milei”, resumen en Balcarce 50, donde consideran que el costo diplomático es acotado frente al beneficio político de instalar al Presidente como referente de la derecha regional.
La estrategia incluye su participación en la campaña de Flavio Bolsonaro en Brasil, su presencia en la asunción de Keiko Fujimori en Perú y la próxima visita a Colombia para acompañar la jura de Abelardo de la Espriella. Según fuentes oficiales, estos movimientos forman parte de una construcción política regional alineada con Estados Unidos.
Relación bilateral y MercosurEl Ejecutivo diferencia el plano político del vínculo económico. En la Casa Rosada sostienen que la relación comercial con Brasil continuará funcionando con normalidad y que el conflicto no afectará el intercambio bilateral ni el funcionamiento del Mercosur.
Mientras Brasil convocó a consultas a su embajador y recibió al representante argentino, el Gobierno apuesta a dejar que la tensión pierda intensidad sin nuevos gestos oficiales. La instrucción interna es clara: no alimentar la escalada.