El canciller argentino Pablo Quirno tuvo un rol clave en la conformación de ese grupo, que envió representantes de bajo nivel diplomático al encuentro, en contraste con los discursos encendidos de Cuba, Nicaragua, Colombia y diplomáticos del régimen venezolano.
Antes de la reunión, los gobiernos de Colombia, Brasil, Chile, México, España y Uruguay habían expresado críticas a la acción militar de Washington. Sin embargo, fuentes diplomáticas confirmaron que el bloque de diez países que rechazó la condena prepara un comunicado conjunto de respaldo a Estados Unidos, destacando que la captura de Maduro responde a denuncias de la ONU, la Corte Penal Internacional y organismos internacionales por violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
La fractura regional se reflejó también en los liderazgos nacionales. El presidente chileno Gabriel Boric, crítico de la operación, será sucedido por José Antonio Kast, quien celebró la detención de Maduro como “una gran noticia para la región”. En Honduras, la presidenta Xiomara Castro cuestionó duramente el arresto, mientras que el partido de su sucesor, Nasry ‘Tito’ Asfura, emitió un comunicado de apoyo: “El futuro del continente pertenece a quienes defienden la dignidad humana. Una luz recorre América Latina, la luz de la libertad”.
La reunión de la CELAC dejó en evidencia una fractura profunda que excede lo ideológico, y que se reproduce tanto a nivel hemisférico como dentro de los propios países. En la última cumbre del Mercosur ya se había expuesto esa división: Lula rechazó cualquier intervención militar, mientras que el presidente argentino Javier Milei expresó un apoyo sin matices a Donald Trump en la captura de Maduro.