Aunque el Gobierno apeló la resolución, el recurso fue concedido con efecto devolutivo. Es decir, la obligación de cumplir sigue plenamente vigente. La ley se ejecuta ahora o se incumple ahora. No hay margen para dilatar sin consecuencias. La advertencia de multas personales a funcionarios marca un precedente incómodo para una administración que hizo del ajuste y la confrontación con el Estado su principal bandera.
La Emergencia en Discapacidad se transformó así en una prueba de poder y de límites. Ya no se discute solo presupuesto: se discute el respeto al Congreso, a la Justicia y a los derechos adquiridos. El costo político del incumplimiento dejó de circunscribirse al área de Salud y empieza a proyectarse sobre el conjunto del Gobierno y su relación con los otros poderes del Estado.
El conflicto expone algo más que una política pública fallida. Revela hasta dónde está dispuesto a llegar un Gobierno cuando una ley no encaja en su programa. Desobedecer una sentencia judicial no es una provocación retórica: es un acto de poder que erosiona el Estado de Derecho.
La Justicia ya habló, fijó plazos y advirtió consecuencias. Si el Ejecutivo insiste en incumplir, el costo ya no se medirá en expedientes, sino en responsabilidad política, institucional y personal. Y esta vez, no habrá relato que alcance para disimularlo.