El diagnóstico es contundente y, al mismo tiempo, paradójico: mientras casi la mitad de los tucumanos afirma estar peor económicamente desde la asunción de
, una porción significativa mantiene expectativas positivas hacia el futuro y sostiene su respaldo político.
Así lo expuso el politólogo
Santiago González Díaz, integrante de la consultora Grupo Borgia, durante una entrevista en el programa
Parte de Prensa, que se emite por YouTube en
@miatucumanhd y por
FM 101.1 Radio Mía, conducido por el periodista
Gustavo Masa junto a su equipo, donde presentó un estudio reciente sobre clima económico y expectativas sociales en Tucumán.
El relevamiento, realizado sobre 705 casos en toda la provincia, muestra que un 34,8% de los encuestados considera que su situación económica empeoró y un 13,9% afirma que está “mucho peor”. En total, cerca del 50% percibe un deterioro concreto en su calidad de vida. En contraste, menos del 20% asegura haber mejorado. Sin embargo, el dato más significativo no está en la fotografía del presente, sino en la proyección a futuro: entre el 40% y el 45% de los consultados cree que su situación mejorará el próximo año, incluso entre quienes hoy están peor.
Esa expectativa, según González Díaz, es clave para entender la resiliencia política del oficialismo nacional. “Lo que sostiene la imagen presidencial no es la realidad económica actual, sino la esperanza de mejora”, explica. Este fenómeno se combina además con un fuerte componente de rechazo a alternativas opositoras, especialmente al peronismo, lo que refuerza la base de apoyo del Gobierno incluso en contextos adversos.
El estudio también revela una estructura social tensionada. Solo el 17,4% afirma llegar cómodamente a fin de mes, mientras que el 35,2% lo hace con dificultad. Un 22,1% directamente no llega, y un 15,1% necesita endeudarse para cubrir gastos básicos. La principal preocupación detectada es la pérdida del poder adquisitivo, mencionada por el 33% de los encuestados.
En este contexto, González Díaz advierte sobre una desconexión entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana. “La macro puede mostrar señales positivas, pero la gente evalúa su realidad desde la microeconomía: si puede pagar las cuentas o no”, señala. El aumento de tarifas, el endeudamiento y la caída del consumo —especialmente en ocio e indumentaria— configuran un escenario de ajuste sostenido que impacta directamente en la vida diaria.
El informe también se inscribe en un clima político tenso en Tucumán, marcado por enfrentamientos recientes entre sectores de La Libertad Avanza y el gobierno provincial. Según el analista, estos conflictos, amplificados por redes sociales, contribuyen a un deterioro del debate público. “La política se está desplazando hacia la confrontación y la chicana, en lugar de discutir modelos de país”, advierte.
Para González Díaz, este fenómeno no es nuevo, pero sí se ha intensificado. La combinación de crisis económica, alto estrés social y polarización política genera un terreno fértil para la conflictividad. “Cuando la sociedad está presionada económicamente, cualquier chispa puede escalar. Y si esa violencia se ve en los dirigentes, se traslada hacia abajo”, sostiene.
A pesar de este escenario, destaca que en los niveles más altos del poder persiste una lógica de negociación entre Nación y provincia, impulsada por necesidades mutuas. Sin embargo, advierte que las tensiones en los niveles intermedios y en la militancia pueden profundizar la fragmentación política y desviar la atención de problemas estructurales, como las inundaciones recurrentes en el interior tucumano.
El trabajo del Grupo Borgia busca precisamente aportar una “radiografía” del momento actual sin sesgos partidarios, con el objetivo de identificar patrones de comportamiento social y electoral de cara a los próximos comicios. En una provincia atravesada por la incertidumbre, el dato central parece ser este: el presente preocupa, pero el futuro aún sostiene.