El fiscal Carlos Sale había solicitado prisión perpetua para Soto, sosteniendo que la joven estudiante de Comunicación Social fue estrangulada en su domicilio. Sin embargo, los magistrados consideraron que el plexo probatorio no alcanzó el grado de certeza necesario. Kaleñuk, hijo del ex secretario de la Gobernación, fue absuelto luego de que el Ministerio Público desistiera de la acusación por “orfandad probatoria”.
La defensa de Soto, a cargo de Roque Araujo, calificó la investigación como una “fábula” y denunció que se intentaba condenar a un “chivo expiatorio”. La falta de pruebas directas, como mensajes o testigos que ubicaran a Paulina en la vivienda del acusado, terminó siendo determinante en el fallo.
El veredicto representa un duro golpe para Alberto Lebbos, padre de la víctima, quien durante dos décadas denunció la “maquinaria de impunidad” y advirtió que el “oscurantismo procesal” llevaría a este desenlace. “Alevoso”, expresó al escuchar la sentencia, reflejando la frustración de una lucha que incluyó condenas previas a policías y al ex fiscal Carlos Albaca por encubrimiento, pero que nunca logró identificar al autor material del crimen.
La causa Lebbos se inscribe ahora en la historia criminal de Tucumán como un asesinato sin culpables castigados, donde las preguntas sobre lo ocurrido aquella madrugada de 2006 siguen sin respuesta y la sociedad enfrenta el vacío de una impunidad que parece definitiva.