Desde la noche del sábado, miles de seguidores comenzaron a llegar a las inmediaciones del predio. La apertura de las puertas se adelantó una hora para contener el flujo peatonal, que alcanzó picos de 15.000 personas por hora. La fila llegó a extenderse por más de 70 cuadras, unos ocho kilómetros, hasta las cercanías del Puente Pueyrredón.
Dentro del recinto, la atmósfera estuvo marcada por la emoción y el respeto. Fanáticos de distintas generaciones desfilaron frente al féretro dejando banderas, flores y camisetas. El personal de seguridad pidió moderar las ofrendas: “No hay prácticamente más lugar para albergar más muestras de afecto”, señalaron.
El operativo y la presencia política
El gobernador bonaerense Axel Kicillof supervisó el despliegue de seguridad y expresó su pesar: “Me siento un ricotero más frente al vacío que deja una de las figuras más determinantes de la escena musical nacional”. La magnitud del evento obligó a coordinar estrategias logísticas para garantizar el ingreso ordenado y la asistencia sanitaria.
El cierre de la capilla ardiente
La ceremonia concluyó en la madrugada del lunes, cuando a las 6 se dio por finalizado el acceso al velatorio. Las largas hileras se habían descongestionado y el municipio inició tareas de limpieza y normalización de la circulación.
La familia del músico agradeció el acompañamiento y pidió que las jornadas se desarrollaran “en paz”, asegurando que cada asistente tendría su espacio para despedirse.
El velorio del Indio Solari quedará registrado como una de las despedidas más masivas de la cultura argentina, reflejo del vínculo único entre el artista y su público.