A sus 64 años,
Lucía Martín vive con una preocupación que no debería formar parte de esta etapa de su vida: perder el único lugar que tiene para vivir. Depende de un andador para caminar, utiliza pañales debido a la pérdida de esfínteres, necesita asistencia para muchas tareas cotidianas y atraviesa un delicado estado de salud. Pero hoy, además de luchar contra sus enfermedades, enfrenta otra amenaza que la mantiene en vilo: quedarse sin techo.
Su historia fue dada a conocer por la
Fundación DI.E.A. durante una entrevista en el programa
Parte de Prensa, donde su referente,
Paola Kravtzov, decidió hacer público un caso que expone una realidad tan dolorosa como invisible para muchos adultos mayores.
Lucía vive sola en una pequeña habitación alquilada en la zona sur del microcentro tucumano. Ese reducido espacio, donde transcurren sus días entre medicamentos, dificultades para movilizarse y largas horas de soledad, es hoy lo único que la separa de la calle.
"Estamos hablando de una persona que no puede trasladarse sola por sus propios medios, que depende de un andador, que usa pañales, que tiene dificultades en el habla y que se encuentra en un estado de abandono absoluto", expresó Kravtzov.
La preocupación de quienes la acompañan desde hace años se profundizó en los últimos tiempos. Según denunció la fundación, la mujer atraviesa constantes situaciones de violencia, amenazas y malos tratos vinculadas al lugar donde vive actualmente.
"Todo el tiempo surgen malos tratos, amenazas y violencia por parte de la propietaria del lugar donde ella alquila", afirmó la referente.
Para una persona que enfrenta problemas de movilidad, que depende de medicación permanente y que no cuenta con recursos suficientes para afrontar sola una mudanza o conseguir otro lugar donde vivir, la incertidumbre se vuelve angustiante.
La situación llevó a la Fundación DI.E.A. a realizar un llamado urgente a la comunidad. Quienes puedan colaborar con alimentos, asistencia, acompañamiento o cualquier ayuda que contribuya a mejorar la situación de Lucía pueden acercarse a la sede ubicada en
San Luis 234, comunicarse al
3815-424348 o contactarse a través de las redes sociales de la institución.
"Necesitamos que pueda estar en un lugar como corresponde, con comida, con luz, con gas y con las condiciones básicas para vivir", sostuvo Kravtzov.
La mujer es paciente de la fundación desde hace tiempo. Según relataron, en numerosas oportunidades debieron intervenir para asistirla en cuestiones que exceden ampliamente el acompañamiento sanitario.
"Muchas veces enviamos personas para que le limpien su habitación, para acompañarla y para que no esté sola", contó.
Detrás de cada visita hay una realidad que golpea. La de una mujer que enfrenta sola una etapa de la vida en la que debería encontrar contención, tranquilidad y cuidados.
"Para nosotros las personas forman parte de nuestras vidas en el día a día. Son una gran familia. Nos ocupamos realmente de todas estas situaciones que atraviesan nuestros adultos mayores", señaló la referente.
Lucía tiene familiares que viven en
La Rioja. Sin embargo, según explicaron desde la institución, actualmente no cuenta con una red de apoyo cercana que pueda asistirla de manera permanente.
"Ella siempre nos manifiesta que está sola, que está abandonada. Evidentemente es una persona que atravesó muchas situaciones difíciles a lo largo de su vida y hoy se encuentra sola", expresó Kravtzov.
A las dificultades habitacionales y sociales se suma una situación económica extremadamente frágil. A través de gestiones realizadas por la fundación, PAMI le otorgó un subsidio paliativo cercano a los 200 mil pesos destinado a contratar algunas horas de cuidado domiciliario.
Sin embargo, para quienes conocen de cerca su realidad, esa ayuda resulta insuficiente frente a la complejidad de su cuadro.
"Se gestionó un subsidio para que pudiera pagar una persona que la cuide algunas horas porque está sola. Pero estamos hablando de una paciente crónica, con múltiples patologías de base, que depende de mucha medicación y de tratamientos permanentes", explicó.
La crudeza de la situación se refleja en aspectos tan básicos como dolorosos. "No tiene ni siquiera los elementos necesarios para su higiene personal. Muchas veces tampoco tiene garantizada la comida", advirtió la referente.
A pesar de todo, Lucía mantiene una decisión firme: no quiere ingresar a un geriátrico. Aunque necesita asistencia permanente y acompañamiento diario, desea conservar la poca autonomía que aún mantiene y continuar viviendo en un entorno que sienta propio.
Por ese motivo, la fundación busca alternativas que le permitan acceder a una vivienda segura y a una red de apoyo adecuada sin que deba resignar completamente su independencia.
"Es una paciente crónica que atraviesa muchas dificultades, pero no quiere estar en un geriátrico. Necesitamos encontrar otra alternativa que respete su voluntad y que le permita vivir de manera digna y segura", explicó Kravtzov.
Durante la entrevista, la referente aseguró que la decisión de exponer públicamente el caso surgió cuando comprendieron que los esfuerzos institucionales ya no alcanzaban para enfrentar una situación cada vez más compleja.
"No podíamos hacer más que comunicar, pedir ayuda a la sociedad y acudir a los medios para visibilizar lo que está pasando", señaló.
La historia de Lucía no habla únicamente de una mujer que atraviesa dificultades económicas o problemas de salud. Habla también de una vejez atravesada por la soledad, la vulnerabilidad y el miedo. De una persona que, después de toda una vida, hoy debe preocuparse por algo tan básico como conservar un lugar donde vivir.
Porque detrás de los subsidios, los tratamientos médicos y los pedidos de ayuda hay una pregunta incómoda que interpela a toda la sociedad: ¿cómo puede una mujer enferma, dependiente y sola llegar a la vejez con miedo a quedarse en la calle?.
"Estamos hablando de una persona que debería estar tranquila, en paz. Como todos soñamos llegar a viejos. Sin embargo, hoy atraviesa una realidad completamente distinta", concluyó Kravtzov.
Mientras la incertidumbre sobre su futuro continúa creciendo, la esperanza de Lucía sigue puesta en que la ayuda llegue a tiempo y le permita recuperar algo que nunca debería estar en discusión: el derecho a vivir con dignidad.