Hay artistas que interpretan canciones y otros que las convierten en memoria. Luis Leguizamón pertenece a ese grupo. Hijo de uno de los compositores más influyentes de la música popular argentina, llegará este sábado al
Teatro Virla, en el marco del Julio Cultural, para presentar "Letra y Música", una propuesta donde el folklore se entrelaza con relatos, anécdotas y emociones que permiten descubrir la dimensión humana del inmortal
Gustavo "Cuchi" Leguizamón.
En una entrevista con
Gustavo Masa y
Daniel Villalba en
Parte de Prensa, el músico compartió recuerdos inéditos de su padre, habló del valor de la creación artística y dejó una definición que resume el legado del autor de La Pomeña.
"El mayor logro de mi padre fue entrar al cancionero popular. Que alguien cante una zamba sin saber quién la escribió significa que esa obra ya dejó de pertenecerle al autor y pasó a ser del pueblo."
La historia que dio origen a esa reflexión ocurrió hace muchos años, durante un viaje en colectivo por Buenos Aires.
"Una mujer iba silbando 'La Pomeña'. Uno de mis hermanos le preguntó si sabía quién la había compuesto y ella dijo que no. Cuando nos bajamos, mi padre nos dijo: 'Ese es el mayor logro que tuve en mi vida'. Nunca buscó el reconocimiento personal; buscó que sus canciones siguieran viviendo."
Para Luis, esa manera de entender la música explica por qué el Cuchi continúa siendo una referencia obligada del folklore argentino.
"El Cuchi nunca hizo una zamba para ganar plata. Jamás. Escribía, corregía, volvía a empezar y trabajaba cada obra hasta encontrar su mejor versión. No componía pensando en el mercado; componía pensando en la música."
Con apenas un centenar de composiciones, muchas de ellas convertidas en clásicos absolutos, el creador salteño logró que cerca de cuarenta obras ingresaran definitivamente al repertorio popular argentino.
"Esa permanencia no fue casualidad. Fue el resultado de una enorme disciplina, de una búsqueda permanente y de una sensibilidad artística extraordinaria."
Pero "Letra y Música" no será únicamente un homenaje al Cuchi. El espectáculo propone un recorrido por las historias que dieron origen a muchas canciones y por los grandes protagonistas del folklore del noroeste argentino.
"No solamente vamos a cantar. Vamos a contar historias. Me gusta que el público sepa por qué nació una canción, quién inspiró una letra o qué ocurrió alrededor de una obra. Eso hace que la música tenga otro valor."
Luis compartirá escenario con
Quique Yance,
Mariela Narchi y artistas invitados. Además, adelantó que la presentación tendrá un fuerte reconocimiento a referentes tucumanos como el recordado Pato Gentilini y al gran Chivo Valladares, integrando el repertorio con obras profundamente ligadas a la identidad cultural de la provincia.
Durante la charla también dejó una reflexión sobre el presente del arte y la cultura.
"El ego termina destruyendo al artista. La música necesita generosidad. Cuando el negocio pasa a ser más importante que la obra, algo esencial se pierde."
En ese sentido, valoró especialmente los espacios que todavía permiten construir espectáculos donde la prioridad sea el encuentro con el público y no solamente la rentabilidad.
Desde hace tres décadas, Luis organiza en Salta un homenaje gratuito al Cuchi Leguizamón cada 29 de septiembre, una decisión que, asegura, responde a la propia filosofía de su padre.
"Cuando un homenaje se hace pensando en recaudar dinero, deja de ser un homenaje. Nosotros lo hacemos gratis porque creemos que la mejor manera de agradecer su obra es compartirla."
Con esa misma convicción llegará a Tucumán para ofrecer una propuesta diferente, donde las canciones dialogan con las historias y cada recuerdo ayuda a comprender la enorme dimensión artística y humana de uno de los grandes maestros del folklore argentino.
El sábado, el escenario del Teatro Virla no recibirá solamente a un cantor. Recibirá la memoria viva de una de las obras más trascendentes de la música popular argentina. Luis Leguizamón promete una noche de canciones, relatos y emociones para recordar por qué el Cuchi sigue sonando en la voz de un pueblo que muchas veces canta sus zambas sin saber quién las escribió. Y quizá, como decía el propio maestro, ese sea el mayor triunfo que puede alcanzar un artista.