“Arrancamos con un kilo de harina, un kilo de chocolate y un tachito de dulce de leche”, recuerda José María. La demanda creció primero en el círculo íntimo y luego en negocios locales, hasta consolidarse como una marca que hoy puede producir hasta mil alfajores diarios. La dinámica de pedidos varía según la temporada, pero la regularidad y el compromiso con la calidad son constantes.
El desafío de crecer sin maquinaria industrial es parte de la identidad del emprendimiento. Con equipos que superan los 20 mil dólares cada uno, la producción sigue siendo manual, lo que refuerza el carácter artesanal del producto. Sin embargo, la marca se posiciona con fuerza gracias a su identidad tucumana. El packaging, inspirado en la Casa Histórica y en símbolos provinciales, abrió puertas en nuevos comercios y permitió cumplir con las exigencias de la ley de etiquetado.
El insumo clave es el dulce de leche. Rocío, chef especializada en pastelería, selecciona con precisión el producto, siempre 100% tucumano. “Nunca cambiamos la receta, siempre usamos dulce de leche tucumano”, destaca Argañaraz, convencido de que esa autenticidad es parte del éxito.
Las anécdotas también marcan el camino. Un pedido de 3.600 alfajores obligó a la familia a trabajar día y noche, con la ayuda de suegros y cuñados, para cumplir en tiempo y forma. “Fue el único que nos alteró la rutina, pero también nos demostró que podíamos”, recuerda José María.
Pero la historia de Mi Permitido también tiene un costado social: muchos jóvenes encontraron en la venta de alfajores una oportunidad para financiar sus proyectos. “Hubo chicos que pudieron pagarse el viaje de egresados vendiendo nuestros alfajores”, cuenta con orgullo, destacando el impacto comunitario del emprendimiento.El poder de las redes socialesLa presencia digital de Mi Permitido en Instagram (@mipermitido.tuc) se convirtió en una herramienta clave para visibilizar la marca. Allí comparten:
- Promociones y lanzamientos especiales.
- Fotografías que transmiten lo artesanal y casero del producto.
- Historias destacadas con ferias, eventos y sorteos.
- Packaging con identidad tucumana, reforzando la conexión con la provincia.
La comunidad digital acompaña el crecimiento del emprendimiento, recomendando el producto y generando interacción constante. Instagram funciona como vitrina comercial y como puente emocional con los consumidores, consolidando la marca más allá de los puntos de venta físicos.
Hoy, Mi Permitido es más que un alfajor: es un símbolo de resiliencia, identidad y sabor tucumano. Una historia que demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay espacio para darse un permitido.