Sánchez Martínez fue particularmente crítico con la estructura disponible dentro del área de Desarrollo Social y con los recursos destinados al cumplimiento de las medidas socioeducativas.
“Hay que trabajar en esa área porque si no cumple el fin que tiene la norma, que normativamente es linda, que dice que hay que tener derechos, que va a ser un sistema diferenciado, que hay que resocializar, que hay que educar”, sostuvo.
El problema, aclaró, no pasa necesariamente por la calidad de los profesionales. De hecho, reivindicó el trabajo de abogados, defensores, fiscales y funcionarios especializados.
“Conozco buenos profesionales que están ahí”, afirmó. Pero inmediatamente marcó la dificultad central: “No tiene estructura. Hay poco personal para todo el abordaje que hay que hacer”.
Como ejemplo de esas carencias, contó que en una reunión reciente el área no contaba siquiera con un vehículo para determinadas tareas.
La implementación del nuevo régimen requiere, entonces, mucho más que una adecuación normativa. Se necesitan recursos, equipos interdisciplinarios, espacios diferenciados y profesionales capacitados para que las medidas previstas puedan cumplir efectivamente su objetivo.
En ese punto, Mentesana Alberti sumó otro desafío que excede a los tribunales: hacer que el derecho sea comprensible para quienes deben atravesar el sistema.
“Uno de los desafíos que tenemos tanto como operadores de Justicia y como sociedad es poder hacer que el derecho sea entendible para todo el mundo”, señaló.
Y volvió sobre el ejemplo del juicio abreviado: “Muchas veces quedamos alejados de la sociedad y, como bien decía el doctor, llega una persona a aceptar un juicio abreviado y no sabe de qué le están hablando”.
Para Sánchez Martínez, además, la discusión sobre la baja de la edad de responsabilidad penal tiene un fuerte componente de política criminal. Cuestionó que se presente como una respuesta definitiva frente al delito y sostuvo que la mayor parte de los hechos delictivos no tiene como protagonistas a adolescentes.
“Bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14, cuando los delitos no los cometen mayoritariamente los adolescentes, es una cuestión de índole más política y de saciar a la sociedad sobre algunos hechos que son violentos”, afirmó.
El desafío, en definitiva, no pasa solamente por determinar desde qué edad un adolescente puede quedar sometido al sistema penal. También está en cómo se aplica ese sistema, qué herramientas existen para evitar la reincidencia y qué recursos tendrá Tucumán para sostener las medidas previstas por la nueva normativa.
Y en ese punto vuelve a aparecer la definición que atravesó buena parte de la entrevista. Para Mentesana Alberti, “el encierro tiene que ser una herramienta, pero no puede ser la solución al problema”.