El Gobierno de Javier Milei parece haber elegido conscientemente el camino de mayor crueldad política: recortar en donde más duele. En la dignidad, en el acceso a derechos, en las terapias que sostienen vidas. “Nos están ahogando. No sabemos cómo vamos a continuar. Pero no vamos a bajar los brazos”, manifestó.
Sobre el cierre, Bidegorry planteó el futuro inmediato: “Estamos pidiendo el apoyo del gobernador, de los diputados y senadores. También que la provincia nos dé una mano con cuestiones impositivas. Tenemos una carga muy alta.” Y advirtió que “seguramente cuando se trate el veto en el Congreso volveremos a movilizarnos, con todo lo que eso implica: cerrar instituciones, cerrar escuelas, dejar a los chicos sin terapias por un día para reclamar derechos fundamentales.”
“Cada día sin ley es una terapia menos”, dijo un cartel en la marcha. Y no fue metáfora: fue el grito de un sistema entero que se está desangrando en silencio. Y que exige, urgente, que se lo escuche.