La caída del consumo se produce en un escenario de menor producción y menor disponibilidad de carne para el mercado doméstico.
Durante los primeros ocho meses de 2026, los envíos destinados al consumo interno retrocedieron 11,3% interanual, mientras que el consumo aparente alcanzó 1,377 millones de toneladas res con hueso, unas 175.600 toneladas menos que en el mismo período de 2025.
La producción también se contrajo. En agosto se faenaron poco más de un millón de animales, un 12,9% menos que un año atrás, en uno de los peores registros para ese mes de los últimos 47 años. La caída estuvo especialmente marcada entre las hembras, en un contexto de recomposición del rodeo después de varios años de liquidación.
Al mismo tiempo, las exportaciones crecieron. Entre enero y agosto se enviaron al exterior 567.405 toneladas res con hueso, un 6,5% más que en igual período de 2025. El crecimiento estuvo impulsado principalmente por el aumento de las ventas hacia Estados Unidos.
La carne aumentó más que el nivel general de preciosA la menor oferta se sumó otro factor determinante para el bolsillo. Los cortes vacunos registraron en agosto una suba interanual del 51,2%, muy por encima del aumento general de los precios.
La combinación de precios más elevados y menor disponibilidad terminó impactando directamente sobre el consumo. El pollo y el cerdo aparecen así como alternativas más accesibles para los hogares que buscan reemplazar parte de la carne vacuna.
El escenario marca un fuerte contraste con los niveles históricos de consumo. Entre 2005 y 2010, Argentina llegó a superar los 60 kilos de carne vacuna por habitante, mientras que el registro actual quedó en 46 kilos.
Las redes apuntaron contra MileiEl dato rápidamente generó repercusiones en las redes sociales. En X, numerosos usuarios vincularon la caída del consumo con las políticas económicas del gobierno de Javier Milei y con el deterioro del poder adquisitivo.
Las críticas se enfocaron en que cada vez resulta más difícil para muchas familias sostener el consumo habitual de carne vacuna y que los precios obligan a buscar alternativas más económicas.
En medio de esa discusión, una de las frases que se viralizó fue “Ahora se come electricidad”, utilizada con tono irónico para cuestionar el impacto del ajuste sobre los hogares.
El retroceso del consumo vuelve a poner en primer plano el cambio en los hábitos de compra de los argentinos: menos carne vacuna en la mesa, precios que avanzan por encima de la inflación y una mayor presión sobre el presupuesto familiar.