La industria panadera vive una de sus peores etapas en décadas. En los últimos 18 meses, más de 14.000 panaderías cerraron sus puertas en Argentina, según estimaciones del Centro de Panaderos de Merlo. La caída del consumo, que ronda el 50%, obligó a miles de comercios a operar por debajo de su capacidad, apagar máquinas y reducir drásticamente la variedad de productos ofrecidos.
El pan, alimento básico en la mesa de millones de familias, se convirtió en un indicador del deterioro económico. Muchos hogares optaron por elaborarlo en casa, priorizando el gasto en otros productos esenciales como leche o carne. Mientras tanto, los costos de producción se dispararon: la bolsa de harina de 25 kilos pasó de $3.500 a $15.000, la levadura subió de $700 a $2.500, y la grasa trepó de $18.000 a $28.000. A esto se suman aumentos en tarifas de servicios públicos que agravan la situación.
La oferta también se transformó. Las panaderías priorizan productos básicos y trabajan por encargo para evitar excedentes. Las facturas, ícono de la tradición argentina, sufrieron una caída de ventas cercana al 85%, lo que llevó al apagado de cámaras frigoríficas por falta de rotación.
Según el INDEC, el kilo de pan tipo flauta en el Gran Buenos Aires costó $3.661 en julio, con un aumento del 104% en 18 meses. El pan envasado, más industrializado, promedió $2.977, también con subas significativas.