La mayoría de las personas usa la voz todos los días, pero casi nadie es consciente de que puede dañarla de forma progresiva e incluso irreversible, muchas veces sin síntomas al inicio.
En el marco del Día Mundial de la Voz, la licenciada
Sandra Castaño —referente del
SIPROSA en el área de la voz y profesora instructora en la Facultad de Medicina de la
UNT en la carrera de fonoaudiología— encendió la alerta sobre una problemática cada vez más frecuente: el mal uso vocal y la falta de prevención.
“La voz es prácticamente una huella digital, no hay dos iguales. Nos da información del estado físico y anímico de una persona”, explicó durante su participación en el programa Parte de Prensa, emitido por YouTube
@MIATUCUMANHD y
Radio Mía 101.1.
Lejos de ser solo una herramienta de comunicación, la voz refleja hábitos, emociones y condiciones de salud. Sin embargo, su cuidado suele quedar relegado hasta que aparecen los síntomas. “Muchas veces la consulta es tardía. Ya vamos a trabajar sobre lo orgánico, cuando se podría haber hecho una prevención”, advirtió.
El problema, según detalló, está en prácticas cotidianas naturalizadas: hablar a volumen elevado, gritar, no hacer pausas o exigir la voz durante largos períodos sin descanso. “Uno de los factores para prevenir las patologías vocales es no gritar y hablar a una intensidad cómoda, con descansos”, señaló.
A estos hábitos se suman factores de riesgo directos como el consumo de alcohol, el tabaquismo y la exposición a sustancias irritantes. “El cigarrillo y el alcohol producen un edema en los pliegues vocales, lo que genera una voz más grave y alterada”, explicó, y desmintió uno de los mitos más extendidos: “Es una falsa sensación de mejoría. El alcohol no ayuda a la voz”.
Otro eje clave es la hidratación. Aunque muchas personas creen que tomar agua actúa de manera inmediata, la especialista aclaró: “El líquido no pasa por los pliegues vocales. El cuerpo lo absorbe y recién ahí hidrata los tejidos. Por eso es importante hidratarse durante todo el día”.
También el descanso cumple un rol fundamental. “La voz se produce por acción muscular. Si el cuerpo no descansa, esos músculos tampoco se recuperan”, afirmó.
Entre las patologías más frecuentes aparecen los nódulos vocales, vinculados al uso inadecuado sostenido. Si bien no son malignos, afectan significativamente la calidad vocal. En otros casos, existen cuadros más complejos que pueden agravarse si no se tratan a tiempo. “Hay lesiones que pueden ser precancerígenas. Por eso es clave la consulta temprana”, alertó.
En ese sentido, fue contundente sobre los signos de alarma: “Toda disfonía que lleve entre 10 y 15 días y no se revierta, merece una consulta con el otorrinolaringólogo”.
Castaño también destacó avances en el sistema público de salud en Tucumán, como la implementación del análisis acústico de la voz, que permite evaluar y hacer seguimiento de pacientes con mayor precisión.
El mensaje es claro: la voz no es un recurso inagotable. Su cuidado depende de hábitos simples pero sostenidos —hidratación, descanso, uso moderado— y de no subestimar las señales del cuerpo.
Porque cuando la voz se deteriora, no solo se pierde sonido: se pierde una parte esencial de la identidad.