desplegó una clase magistral de vida y actuación. Su vínculo con Tucumán no es nuevo, y lo recuerda con cariño: “No soy tucumano, pero parte de mi corazón quedó acá.
Trabajé en radio con Ricardo Jordán y la gente me adoptó. Este lugar me emociona”. En esa línea, evocó momentos únicos con figuras como Mercedes Sosa y Nélida Lobato, repasando su carrera entre el Maipo y el San Martín, entre la televisión popular y el teatro de autor. “La ductilidad del actor es poder ser cómico y dramático, bailar una tarantela y hacer llorar”, conto al periodista
Gustavo Masa y equipo, con orgullo y sentido del humor.
Por su parte,
Mariano Fernández, nacido en
Bella Vista y radicado hace décadas en Buenos Aires, contó cómo surgió la obra: “La escribí a partir de ficciones radiales que grabábamos con Miguel. Adapté esas historias para teatro y nació esta obra donde el amor, el humor y la emoción se cruzan constantemente. Hacer teatro independiente es ser actor, autor, director, utilero y productor todo a la vez. Pero lo hacemos con amor”.
La obra aborda con sensibilidad y humor la convivencia entre un padre adulto mayor y su hijo, en el momento en que los roles comienzan a invertirse. “Es cuando los hijos se convierten en los padres de sus propios padres”, dice Fernández. “Lo cotidiano —un mate, una caminata, una visita al médico— se vuelve esencial. Y es ahí donde aparece la pregunta: ¿quién cuida a quién?”.
Lejos de caer en golpes bajos, la obra utiliza el humor como puente emocional. Jordán lo resume así: “Esta obra es una de las mejores que hice en mi vida. Es una comedia dramática que toca el corazón. El público ríe, se conmueve, se queda después de la función, me abraza, llora. Eso no tiene precio. Me ha pasado que vienen señoras que vieron reflejadas a sus madres o a sus padres. Es dar una caricia de palabra, y eso es más que teatro, es vida”.
En un momento en que el teatro independiente lucha por mantenerse a flote, la obra es también un acto de militancia artística. “Nos pagamos los pasajes, la escenografía, todo”, cuenta Fernández. “No lo hacemos por ego, lo hacemos por necesidad emocional. Porque este tipo de teatro genera comunidad, vínculo, sentido”.
Jordán, con el aplomo de una vida sobre las tablas, lo secunda: “He hecho de todo: televisión, cine, teatro comercial. Pero esta obra me emocionó como pocas. Tiene algo que va más allá de lo actoral. Es un mensaje, una caricia para quien la ve”.
Sin forzar discursos, Mi padre también abre puertas a temáticas actuales: la diversidad sexual, el amor en la tercera edad, los primeros síntomas del Alzheimer, el duelo. Pero todo está filtrado por una premisa simple: “Cuando el amor todo lo puede, lo demás se acomoda”, dice Fernández.
“No queremos dar una lección —aclara—, solo reflejar cómo se siente vivir con un ser querido que cambia, que necesita más de nosotros, y cómo eso también nos transforma a nosotros como hijos”.
Ganadora de múltiples premios en la temporada marplatense —incluyendo Mejor Autor y Mejor Comedia Dramática— Mi padre, cuando el amor todo lo puede no es solo una obra: es un espejo en el que muchos pueden verse reflejados. “La pregunta central es: ¿el padre cuida al hijo o el hijo al padre?”, lanzan los protagonistas.
Fernández destaca: “En este tiempo donde todo es virtual, la obra recupera la presencialidad emocional, el estar, el acompañar. Porque cuando el amor todo lo puede, todo lo demás es secundario”.
Las funciones serán el
viernes 26 y
sábado 27 de septiembre a las 22 h en el
Centro Cultural Virla. Las entradas ya están a la venta:
Online:
elvirla.entradanet.comBoletería del Virla: Lunes a viernes de 9 a 13 h y de 17 a 21 h. Sábados y domingos de 18 a 21horas.
Precios: $22.000 en puerta, $18.000 anticipadas, $15.000 para jubilados.
Además, la obra se presentará en el interior tucumano: el martes en
Monteros, el miércoles en
Bella Vista y el domingo en
Simoca.
Miguel Jordán cuenta entre risas cómo terminó interpretando al
Papa Francisco en una serie internacional. “Me llamó el nieto de Armando Bó, me dijeron que era igual. Fui al Vaticano para grabar... y después no nos dejaron entrar ni a la plaza. ¡Cosas que pasan!”.
Pero ahora, su papel de padre en esta obra le significa mucho más: “Este personaje tiene mi edad, mis emociones. Me toca profundamente. El público lo siente, y eso se nota. El mejor premio es el abrazo después de la función”.
Entre anécdotas de
La Voz en el Teléfono, premios
Martín Fierro, recuerdos del
Maipo y reflexiones sobre el amor filial, la visita de Miguel Jordán y Mariano Fernández fue más que una entrevista: fue un acto de teatro en vivo, una celebración de la memoria y el oficio.
“Esto no es solo una obra de teatro —dice Fernández—, es una experiencia. Te reís, te emocionas, te reconoces. Es el tipo de obra que te hace salir y querer llamar a tu viejo. O abrazarlo si lo tenés cerca.”
Y Jordán cierra con la sabiduría de quien ha vivido el aplauso y el olvido: “Uno no sabe cuánto tiempo le queda en el escenario. Por eso, cada función la vivo como la última. Con entrega, con amor. es devolver algo. porque cuando uno recibe tanto, lo mínimo es compartirlo con emoción y cuando el amor todo lo puede… entonces sí, el teatro es eterno.”
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