Su vínculo con la institución también es emocional. Creció ahí, conoce su historia y siente el peso de sostenerla. Pero también lo atraviesan las realidades que conviven en el club. “Se mezclan historias muy distintas. Hay chicos con problemas, situaciones difíciles… y yo me sentía responsable de todo”. Esa carga lo llevó incluso a iniciar terapia. “Tuve que entender que el club acompaña, pero hay límites”.
Más allá de las dificultades, hay una convicción que atraviesa todo su discurso: el club como espacio de encuentro real. “Queremos ser ese lugar donde siempre pase algo. Un partido, un torneo, un bingo, un locro… lo que sea, pero que la gente venga”. En esa línea, ya preparan actividades abiertas como el locro del 1° de mayo y eventos comunitarios para volver a convocar al barrio.
Para quienes quieran acercarse, el club mantiene sus puertas abiertas con convocatorias activas, especialmente para chicos y chicas de entre 7 y 13 años. Además, toda la información sobre actividades, horarios y novedades se puede seguir en su cuenta de Instagram:
@club.independiente.tuc.Independiente no solo cambió su forma de gestionarse. Está reconstruyendo su identidad en una época donde lo virtual domina. Y en esa batalla, Jarma deja una definición que sintetiza el rumbo: “Estamos en la vereda contraria. Queremos que la gente vuelva. Y cuando vuelven, el club cobra sentido otra vez”.