La mayoría de los países europeos se pronunciaron a favor del acuerdo, mientras que Francia, Irlanda y otras naciones manifestaron su rechazo por el impacto que podría tener en el sector agrícola. Los críticos advierten que la competencia con productos sudamericanos podría afectar a los productores locales, mientras que los defensores del pacto destacan las oportunidades de expansión para las empresas europeas.
El tratado busca consolidar un espacio de intercambio comercial entre la UE y Mercosur, que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con la posibilidad de reducir aranceles y facilitar el acceso a bienes y servicios. Para Bruselas, se trata de un paso estratégico en la diversificación de socios comerciales y en la consolidación de su presencia en América Latina.
Con la aprobación de los embajadores, el acuerdo queda listo para ser firmado por las autoridades europeas y sudamericanas. Sin embargo, el debate político y social continuará, especialmente en torno a los sectores más sensibles de la economía europea, como la agricultura, que ya anticipa movilizaciones y reclamos frente a la apertura del mercado.
La decisión marca un hito en las relaciones entre la Unión Europea y Mercosur, aunque su implementación dependerá de cómo se gestionen las tensiones internas y las demandas de los distintos actores involucrados.