En paralelo, Israel intensificó sus bombardeos en el Líbano, destruyendo edificios residenciales en Beirut. Además, confirmó la muerte de altos funcionarios iraníes, entre ellos el ministro de inteligencia Esmail Khatib y el jefe de seguridad Ali Larijani, lo que generó represalias inmediatas. Irán lanzó misiles contra Tel Aviv, Haifa y Beersheba, además de atacar bases estadounidenses en el Golfo.
Presión política en EE.UU.
La crisis repercute en Washington, donde el aumento del precio de los combustibles golpea a la administración de Donald Trump. El vicepresidente JD Vance anticipó medidas para contener la suba en las próximas horas.
La escalada confirma que el conflicto ya no se limita a Israel e Irán, sino que amenaza con convertirse en una guerra energética global, con impacto directo en los mercados internacionales y en la estabilidad política de la región.