Cabezas había fotografiado al empresario Alfredo Yabrán, hasta entonces protegido por el anonimato, lo que desató amenazas y tensiones en un contexto político marcado por el menemismo y las internas con el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde. “Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente”, había dicho Yabrán, quien un año después del crimen se suicidó en su campo de Entre Ríos, acorralado por la Justicia.
La investigación probó que el asesinato fue orquestado por el policía Gustavo Prellezo, vinculado a la seguridad de Yabrán, y ejecutado por la banda de “Los Horneros”, con apoyo de sectores de la Policía Bonaerense que liberaron la zona. Diez personas fueron condenadas, aunque con el tiempo todos los responsables recuperaron la libertad.
El periodista Gabriel Michi, compañero de Cabezas, sostuvo: “El asesinato de mi amigo fue un mensaje mafioso para toda la prensa y para la sociedad”. Y agregó: “A 29 años del crimen, todos sus asesinos están libres. Es una herida abierta para la familia, para sus colegas y para el periodismo argentino”.
La consigna “No se olviden de Cabezas” sigue vigente como bandera de memoria, verdad y justicia, recordando que el crimen fue el primero y el último contra un periodista en la Argentina, pero también una advertencia sobre la necesidad de impedir que la impunidad vuelva a imponerse.