Consultado sobre el avance de esos sectores en distintos países, Gorini aseguró que no se trata de fenómenos aislados ni exclusivamente nacionales.
"Primero vinieron por el comunismo, después por el Estado de bienestar y ahora vienen por la democracia", sostuvo. Y fue más allá al señalar que "
Milei viene por el Estado de Derecho. Lo mismo
Trump y
Bolsonaro", al considerar que esos liderazgos tienden a concentrar poder, gobernar mediante decretos y debilitar los mecanismos institucionales de control.
Para el periodista, detrás de ese proceso existe un actor que muchas veces permanece fuera del debate público.
"Los primeros que giran a la ultraderecha son las grandes corporaciones económicas internacionales", afirmó. Según explicó, son esos grupos de poder los que impulsan un modelo que profundiza la concentración de la riqueza y amplía las desigualdades sociales.
Esa concentración, señaló, convive con una paradoja cada vez más evidente.
"Nunca hubo tanta riqueza y, al mismo tiempo, tanta desigualdad", expresó. "Sobran alimentos, sobran recursos; el problema no es la producción sino la forma en que esa riqueza se distribuye."
Gorini consideró que ese escenario obliga a discutir alternativas al modelo económico actual y a recuperar el debate sobre el papel del Estado, la democracia y la justicia social.
Otro de los ejes de la entrevista giró en torno a la denominada batalla cultural, un concepto que, según explicó, tiene una larga tradición en la historia del pensamiento político y que hoy vuelve a ocupar un lugar central.
"La batalla cultural siempre existió", sostuvo. "Lo que está en juego son los sentidos con los que interpretamos la realidad. Se están naturalizando situaciones que hace pocos años hubieran provocado el rechazo de la comunidad internacional."
En esa disputa, dijo, los medios de comunicación ocupan un lugar estratégico.
Al referirse al periodismo, Gorini afirmó que el desafío de los medios alternativos no consiste únicamente en ofrecer una agenda distinta, sino en construir vínculos permanentes con la sociedad.
"El periodismo alternativo debe generar comunidad", aseguró. "Si el periodismo no está inserto en una trama social, el mensaje cae en el vacío."
Para explicar esa idea recordó la movilización que frenó la aplicación del beneficio del 2x1 para condenados por delitos de lesa humanidad.
"En aquel momento los grandes medios acompañaban esa decisión, pero fue la organización de la sociedad la que terminó imponiendo otro sentido", recordó, al señalar que ese episodio demuestra que la construcción colectiva puede disputar la agenda pública incluso frente a los grandes grupos de comunicación.
La irrupción de las plataformas digitales tampoco escapa, a su juicio, a esa disputa por el sentido común.
"Las redes sociales tienen dueños", advirtió. "Hay contenidos que se limitan, palabras que no pueden utilizarse y algoritmos que condicionan lo que vemos. La democracia no la garantiza la tecnología; la garantiza la participación de la sociedad."
Pese al diagnóstico crítico, Gorini aseguró que el escenario no está definido y sostuvo que la organización social continúa siendo la principal herramienta para enfrentar esos procesos.
"Las grandes corporaciones pueden mentir durante un tiempo, pero no pueden hacerlo para siempre", afirmó.
Y dejó una reflexión que atravesó toda la entrevista y que, según dijo, debería orientar a quienes buscan construir una alternativa política y cultural.
"Tenemos que volver a construir una utopía. La utopía sirve para caminar. Sin organización, sin comunidad y sin participación es imposible transformar la realidad", concluyó.