El sistema bancario argentino atraviesa un proceso de reducción de estructuras y cierre de sucursales, impulsado por la creciente dificultad para cobrar créditos y la menor demanda de financiamiento. Según datos oficiales, la mora del crédito al sector privado llegó al 6,4% en enero, con un fuerte impacto en los hogares: 13,2% en préstamos personales y 11% en tarjetas de crédito, cifras que no se registraban en dos décadas.
El freno en el crédito en pesos, que había mostrado dinamismo entre 2024 y 2025, se combina ahora con un aumento de la incobrabilidad. Los incumplimientos también se triplicaron en el sector empresarial, especialmente en hoteles, restaurantes, pesca y agroindustria, reflejando las tensiones de una economía con bajo nivel de empleo y crecimiento desigual.
La red bancaria se redujo de 4414 sucursales en 2023 a 4131 en 2025, en un proceso que comenzó durante la pandemia y se profundizó con fusiones como Galicia-HSBC y Macro-Itaú. A los cambios tecnológicos se suman factores como el aumento de tasas municipales y la necesidad de mejorar la eficiencia operativa.
Hoy, cerca del 90% de las transacciones se realizan de manera digital, lo que reduce la necesidad de atención presencial. Los bancos priorizan inversiones tecnológicas y esquemas alternativos como corresponsalías, aunque reconocen que la presión por reducir costos es determinante.
En los últimos dos años se perdieron 7683 puestos de trabajo en el sector, con un 62% de esas bajas concentradas en 2025. El gremio La Bancaria declaró el “estado de alerta y movilización” y denunció presiones para forzar desvinculaciones, pese a que muchas se dieron bajo la modalidad de retiros voluntarios.
El deterioro de la cartera irregular redujo el ratio de previsiones del 159% al 94% en 2025, lo que implica que cada nuevo crédito en mora golpea directamente los resultados. Actualmente, las provisiones por incobrabilidad consumen más del 75% del resultado neto de los bancos.
El sistema financiero se encuentra en plena reconfiguración, con la digitalización y la presión regulatoria como motores, pero también con un escenario económico que obliga a ajustes drásticos. Todo indica que la tendencia continuará en el corto plazo, con más cierres de sucursales y un modelo de negocio cada vez más orientado al mundo digital.