Uno de los ejes más duros de su discurso fue la advertencia sobre la desensibilización social ante el sufrimiento ajeno. Según planteó, la humanidad se ha vuelto espectadora pasiva del horror, tolerando la muerte, la división y sus consecuencias económicas y sociales.
En ese contexto, convocó a una Vigilia de Oración por la Paz el próximo 11 de abril en el Vaticano, abierta tanto a creyentes como a no creyentes, con el objetivo de generar una reacción espiritual frente a los conflictos.
Hacia el final, León XIV vinculó el mensaje de la Resurrección con la no violencia. Afirmó que la verdadera victoria no se alcanza en el campo de batalla, sino en la transformación interior: “La paz de Cristo no solo silencia las armas, sino que cambia los corazones”.
Tras impartir la bendición final y los saludos en diez idiomas, el mensaje dejó una advertencia contundente: el futuro dependerá de una elección colectiva entre la dominación o el encuentro.