El trasfondo del debate dejó al descubierto un malestar creciente, no solo por las consecuencias de cada tormenta, sino por la sensación de abandono y falta de respuesta estructural.
“El problema no es la lluvia. El problema es la falta de previsión, de planificación y de decisión política. Y eso tiene responsables”, insistió el concejal, elevando el tono de la discusión.
La aprobación del SIATT no solo representa un avance técnico, sino también un mensaje político claro: en una ciudad donde cada tormenta expone las mismas falencias, la prevención deja de ser una promesa para convertirse en una obligación. Y, desde ahora, también en un punto de presión sobre la gestión municipal.