Con una trayectoria marcada por rescates extremos y decisiones al límite, Suárez Vila asegura que su motor sigue siendo el mismo: dejar huella.
“Quiero que el día de mañana mis hijos sepan por dónde caminó su padre”, concluyó.
El domingo, esa huella se medirá en kilómetros, en donaciones y, sobre todo, en sonrisas. Porque como repite el propio impulsor de la iniciativa, el verdadero objetivo no está en la ruta, sino en el destino: los chicos que necesitan volver a empezar.