El anuncio se produce en medio de intensos movimientos diplomáticos que buscan poner fin al conflicto en Oriente Medio, más allá del alto el fuego de dos semanas que rige desde el 8 de abril entre Irán y Estados Unidos.
En el terreno, la actividad marítima mostró señales contradictorias. Según datos de MarineTraffic, durante la mañana del sábado circulaban poco más de una decena de buques —varios de ellos petroleros—, aunque al menos dos cambiaron de rumbo poco después. Un hecho destacado fue el cruce del crucero Celestyal Discovery, sin pasajeros, entre Dubái y Mascate, en lo que representó el primer tránsito de este tipo desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero. Antes del conflicto, unos 120 buques diarios atravesaban el estrecho, de acuerdo con Lloyd’s List.
La tensión también se refleja en el impacto directo del bloqueo. El mando central estadounidense informó que 21 buques acataron órdenes de sus fuerzas y regresaron a Irán desde el inicio de la medida.
En el plano interno iraní, sectores conservadores expresaron su rechazo a cualquier gesto de distensión. El diario Kayhan criticó la reapertura del estrecho sin concesiones previas, advirtiendo que permitiría al “enemigo” recuperar fuerzas en medio del conflicto.
El estrecho de Ormuz es un punto neurálgico del comercio global: por allí transita cerca de una quinta parte del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. Su breve reapertura había provocado una caída en los precios del petróleo y un repunte en los mercados financieros.
En paralelo, continúan las negociaciones. Trump afirmó que Irán había aceptado entregar su uranio enriquecido, un punto clave en las conversaciones, aunque Teherán lo negó.
La diplomacia regional también se activó. El jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir, concluyó una visita de tres días a Irán, mientras el primer ministro Shehbaz Sharif finalizó una gira por Arabia Saudita, Catar y Turquía en el marco de los esfuerzos de paz.
En otro frente del conflicto, Líbano busca avanzar hacia un acuerdo duradero con Israel tras el reciente cese de hostilidades con Hezbolá. El presidente Joseph Aoun aseguró que su país trabaja en un “acuerdo permanente” que garantice sus derechos territoriales.
Mientras tanto, Israel mantiene presencia militar en el sur libanés. Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, advirtió que la ofensiva contra Hezbolá aún no ha terminado y que continúan evaluando amenazas vinculadas a cohetes y drones.
En este contexto volátil, Trump aseguró además que Estados Unidos prohibió a Israel continuar con los bombardeos sobre territorio libanés, en un intento por evitar una nueva escalada.
El escenario sigue marcado por la fragilidad: avances diplomáticos conviven con decisiones militares que reavivan la tensión en una de las regiones más sensibles del mundo.