El proceso, mediado por Pakistán, se desarrolla bajo estrictas medidas de seguridad y en un contexto de creciente tensión en Medio Oriente.
Las conversaciones buscan contener la escalada regional, en un escenario atravesado por el conflicto en la frontera sur del Líbano, donde persisten los enfrentamientos entre Israel y Hezbollah, y por la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético global.
Irán advirtió sobre posibles respuestas ante el tránsito de buques militares extranjeros en la zona, mientras Estados Unidos mantiene un refuerzo naval en el Golfo.
En paralelo, el presidente Donald Trump afirmó que no le preocupa el desenlace de las negociaciones.
Por su parte, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sostuvo que los ataques conjuntos con Estados Unidos debilitaron el programa nuclear iraní y aseguró que el país atraviesa su momento de mayor fragilidad desde 1979.
El proceso continúa en Islamabad con fuerte hermetismo y expectativa internacional.