Alejandro Santillán, secretario general de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) seccional Olavarría, fue categórico: “Si bien todos los años los hornos se paran por mantenimiento, lo que está sucediendo ahora es consecuencia directa del freno de la obra pública”. Según el dirigente, la empresa acumula más de 750.000 toneladas de material fuera de los silos, un sobrestock que evidencia el desplome de las ventas.
El impacto no se limita a Loma Negra. Santillán señaló que Cementos Avellaneda pasó de operar tres líneas de embolsado a mantener solo una, con un turno diario, suficiente para cubrir la demanda actual. “Es un eslabón más de la situación que estamos atravesando y significa que se va a necesitar mucha menos mano de obra”, advirtió.
La crisis amenaza con golpear a toda la cadena logística: desde el destape de canteras y la trituración de piedra, hasta el transporte y los servicios tercerizados. “Nos queda un camino bastante difícil por delante si esto no se reactiva. Es una situación a la que empuja el freno de la obra pública, no hay otra cosa acá”, sentenció Santillán, quien además lamentó la pasividad de sectores políticos y empresariales frente a la pérdida de empleos.
Al complejo escenario productivo se suma la incertidumbre corporativa: Loma Negra atraviesa un cambio en su accionariado tras la venta de deuda de su matriz brasileña, InterCement. El futuro de la compañía y de miles de trabajadores de Olavarría queda ahora atado a la reactivación de la construcción y a las decisiones que adopte el Gobierno nacional en materia de obra pública.