En el complemento, Midland administró la ventaja con inteligencia y siguió generando las situaciones más claras. Sand volvió a responder para evitar el segundo tanto, pero el desenlace parecía inevitable. Cuando el encuentro ingresaba en su tramo final, Fernando González, surgido futbolísticamente en San Martín, anticipó en una pelota parada y selló el 2-0 definitivo para desatar el festejo local.
Más allá del resultado, lo que preocupa en el mundo San Martín es la ausencia de respuestas. El equipo perdió solidez, perdió confianza y, sobre todo, perdió identidad. Lo que alguna vez fue un conjunto competitivo hoy luce desorientado, sin variantes ofensivas y sin capacidad de reacción cuando los partidos se presentan adversos.
La derrota en Buenos Aires no solo representa otro golpe en la tabla de posiciones. También profundiza el malestar de los hinchas y abre interrogantes sobre el futuro inmediato del ciclo de Andrés Yllana. Con el margen de error cada vez más reducido y la lucha por los primeros puestos alejándose lentamente, el Santo necesita una reacción urgente.
La paciencia comienza a agotarse en Ciudadela. San Martín está obligado a reencontrarse con su mejor versión cuanto antes, porque en una categoría tan exigente como la Primera Nacional, las oportunidades perdidas suelen pagarse caro. Y hoy, más que nunca, el sueño del ascenso parece envuelto en una nube de incertidumbre.