La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para especialistas y comenzó a formar parte de la vida cotidiana. Desde organizar una agenda hasta preparar una presentación, resumir información, estudiar o asistir a un profesional, sus aplicaciones se multiplican y obligan a repensar la manera en que trabajamos.
La periodista
Ana Catella, especializada desde hace años en el uso de herramientas de inteligencia artificial, visitó
Parte de Prensa y planteó una mirada que se aleja tanto del temor como de la fascinación ciega: la clave no está en combatir la tecnología, sino en aprender a utilizarla con criterio.
“No tenemos que tenerle miedo a la tecnología, a ningún tipo de tecnología, sino que tenemos que aprender a usarla, a usarla bien”, sostuvo Catella.
Para la periodista, la transformación tecnológica tendrá impacto sobre el mundo laboral, pero no significa que las personas vayan a quedar automáticamente reemplazadas.
“La inteligencia artificial, al menos hoy por hoy, necesita a la inteligencia humana”, explicó. Y remarcó que una herramienta puede equivocarse, por lo que sus resultados deben ser controlados y analizados.
La clave está en saber preguntar
Uno de los principales errores que detecta Catella entre quienes comienzan a utilizar inteligencia artificial es creer que alcanza con escribir una orden breve para obtener una respuesta perfecta.
“La fórmula mágica para cualquiera de las herramientas de inteligencia artificial que vos uses es saber pedir, saber preguntar, saber interpretar lo que te responde y saber repreguntar”, afirmó.
En ese sentido, consideró que el periodismo tiene una ventaja particular, porque preguntar, repreguntar, analizar y verificar forman parte del trabajo cotidiano.
Pero la herramienta también puede ser utilizada por profesionales de prácticamente cualquier actividad. Catella contó que actualmente trabaja con médicos oftalmólogos de Chile que utilizan inteligencia artificial para ordenar fichas de pacientes, historias clínicas, investigaciones y presentaciones.
La clave, insistió, es que el profesional continúe tomando las decisiones.
“Lo primero que tenés que saber hacer es elegir a qué profesional vas a llamar a tu equipo. Y este profesional es la inteligencia artificial”, explicó.
La multiplicación de aplicaciones y plataformas también puede convertirse en un problema. Cada vez aparecen más herramientas y tutoriales que prometen solucionar una tarea específica, pero acumular aplicaciones sin saber para qué utilizarlas puede terminar generando más confusión que soluciones.
“Pensá qué tarea tenés que hacer y definila”, recomendó Catella.
Incluso señaló que actualmente es posible crear agentes capaces de organizar tareas, revisar calendarios y correos electrónicos y preparar una agenda semanal. Pero aclaró que esto no significa eliminar la intervención humana.
“Es una ayuda”, remarcó.
Para la periodista, el verdadero potencial aparece cuando la inteligencia artificial se incorpora como un asistente y no como un reemplazo del criterio profesional.
Uno de los ejemplos más concretos que contó ocurrió con un adolescente de 13 años que tenía dificultades para estudiar. En lugar de limitarse a pedirle a una inteligencia artificial que resumiera un texto, le enseñó a utilizar una herramienta que permite cargar el PDF del libro que utiliza el alumno y también imágenes de sus apuntes.
De esa manera, la inteligencia artificial trabaja sobre el material concreto que el estudiante debe aprender.
“Él podía empezar a debatir y esa herramienta en particular te arma desde un podcast con la información, videos animados, fichas de estudio y hasta una prueba trimestral”, relató.
Para Catella, la diferencia es fundamental: la tecnología no reemplaza el conocimiento, sino que puede ayudar a procesarlo de una manera más dinámica y accesible.
La velocidad, sin embargo, no puede confundirse con verdad. Catella relató que en ocasiones tuvo que corregir contenidos generados por estas herramientas y que incluso recibió respuestas en las que la propia inteligencia artificial le advertía que determinada información no estaba chequeada.
“Entonces ahí está nuestro trabajo de periodismo: verificar las fuentes. Pero también el trabajo de cualquier persona”, sostuvo.
Una herramienta puede resumir un video, procesar documentos o analizar una enorme cantidad de información en segundos, pero siempre será necesario comprobar que el resultado sea correcto.
La periodista también puso un límite claro respecto de la información que los usuarios deberían compartir con estas plataformas.
“No suban su tarjeta de crédito a la IA”, recomendó, y también aconsejó evitar datos extremadamente sensibles, como fotografías de documentos personales.
La advertencia no significa rechazar la tecnología, sino aprender a utilizarla con las mismas precauciones que deberían aplicarse en cualquier entorno digital.
“Quedarte afuera también te deja un poco afuera del mundo”
Frente al temor de que la inteligencia artificial termine ocupando el lugar de las personas, Catella evitó hacer predicciones categóricas.
“No te puedo decir que no va a llegar porque no lo sé”, reconoció al referirse a escenarios futuros en los que las máquinas puedan asumir cada vez más funciones.
Pero sí fue contundente sobre el presente. “Hoy es una herramienta que está muy buena, que nos ayuda, que nos facilita y que por ahí quedarte afuera de eso también te deja un poco afuera del mundo”, afirmó.
Para la periodista, el proceso actual es comparable con otras transformaciones tecnológicas que inicialmente generaron resistencia: la computadora, internet, los teléfonos inteligentes o incluso distintas máquinas que fueron modificando las tareas cotidianas.
La transformación ya es visible en los medios de comunicación. El periodista que antes podía concentrarse principalmente en escribir hoy también debe grabar, desgrabar, editar, producir contenido audiovisual y trabajar con múltiples plataformas.
En ese contexto, Catella considera que la inteligencia artificial puede liberar tiempo para tareas que requieren intervención humana.
“Esa hora, hora y media que te lleva a desgrabar o hacer la presentación para un trabajo o preparar una agenda la podés usar en otra cosa”, señaló.
Puede ser para realizar otro trabajo, desarrollar una nueva actividad, estudiar, descansar o simplemente disponer de más tiempo personal.
Y dejó una advertencia especialmente dirigida a quienes todavía se resisten a incorporarla:
“Yo te diría: no seas tan duro con vos mismo, amigate”.
La comparación, según explicó, es sencilla: así como la sociedad incorporó la computadora, el teléfono celular, el microondas o internet, la inteligencia artificial es otra herramienta que llegó para quedarse y que exige aprender a utilizarla.
Catella también anunció que continuará dictando cursos sobre inteligencia artificial y que trabaja en nuevas propuestas, entre ellas una capacitación destinada a padres para enseñarles a sus hijos a estudiar utilizando estas herramientas.
Para conocer sus próximos cursos y propuestas, se la puede encontrar en redes sociales como
@anycatella.
La inteligencia artificial ya no es una discusión sobre el futuro. Es una herramienta del presente. Y, según Catella, la diferencia no estará entre quienes la usen y quienes no, sino entre quienes aprendan a utilizarla con criterio y quienes decidan quedarse al margen.