atraviesa una transformación que busca ampliar sus horizontes sin perder la identidad construida a lo largo de casi ocho décadas. Desde su traslado de
, la institución trabaja para fortalecer su infraestructura, incorporar nuevas disciplinas y abrir sus instalaciones a más familias y organizaciones de la comunidad.
Al frente de ese proceso está
Eduardo Romano, conocido como Ichi en el ambiente del rugby. En diálogo con Parte de Prensa, el presidente repasó los cambios que vive el club, los proyectos que están en marcha y los desafíos de sostener una institución que se apoya, en gran medida, en el compromiso de sus integrantes.
“Ha cambiado al mil por ciento”, resumió Romano al comparar la realidad actual con la de años atrás. Uno de los indicadores de esa evolución es el crecimiento de la masa societaria, que pasó de alrededor de 50 a 300 socios. Para la conducción del club, ese avance representa una oportunidad para fortalecer la vida institucional y proyectar nuevas actividades.
Uno de los pasos más importantes fue la incorporación de TK, un club de hockey que necesitaba espacio para desarrollar sus actividades. Después de varias conversaciones, ambas instituciones llegaron a un acuerdo que dio lugar a Corsarios TK, una iniciativa que combina necesidades y objetivos comunes.
“Los dos teníamos necesidades. Ellos tenían necesidades de espacio y nosotros, de socios. Gracias a Dios llegamos a un acuerdo”, explicó Romano, quien destacó el trabajo de las personas que hicieron posible el entendimiento.
La unión también permitió avanzar con uno de los proyectos más esperados: la construcción de una cancha de hockey propia. Las máquinas ya trabajaron en el terreno y, según detalló el presidente, el siguiente paso es colocar arena para acondicionar la superficie y continuar con las gestiones necesarias para completar la obra.
El contexto económico impone dificultades, pero el club decidió seguir adelante. El municipio facilitó las máquinas, mientras que integrantes de la institución aportan dinero para cubrir el combustible y sostener los trabajos.
“Las máquinas nos las prestó el municipio y la gente pone su plata para pagar el combustible, porque las cosas no están bien. Pero nosotros no queremos bajar los brazos”, afirmó.
El traslado también modificó las posibilidades de crecimiento de Corsarios. La institución dejó atrás las dos hectáreas que tenía en Los Pocitos y pasó a disponer de siete hectáreas en Lomas de Tafí, en la zona de avenida del Perú y Natalio Mirkin. El nuevo predio ofrece más espacio para desarrollar actividades y acompañar el crecimiento urbano de ese sector de Tafí Viejo.
Un club que busca ampliar sus fronteras
La transformación no se limita al rugby y al hockey. Entre los trabajos en marcha está la ampliación de los vestuarios, que quedaron chicos ante la llegada de nuevas actividades. También está previsto iluminar una segunda cancha para habilitar encuentros deportivos durante la noche.
El objetivo es destinar ese espacio al fútbol y ofrecerlo en alquiler, con la intención de generar ingresos que ayuden a cubrir los gastos cotidianos de la institución, desde los servicios y los impuestos hasta el pago de las personas que trabajan en el predio.
“Cuando termina la temporada de rugby, los chicos desaparecen y el club necesita pagar sus impuestos, necesitamos pagar al chico que está trabajando, necesitamos pagar la luz”, explicó Romano al describir una de las dificultades que enfrentan las instituciones deportivas para sostenerse durante todo el año.
En ese proyecto, el presidente destacó el acompañamiento de
Emanuel Perea, exjugador profesional de fútbol que tiene una fundación y comenzó a asesorar al club para impulsar la nueva actividad. Romano valoró su acercamiento porque conoce la historia de Corsarios y las dificultades que atravesó desde sus años en Los Pocitos.
La apertura también alcanza a organizaciones que buscan un lugar para desarrollar sus iniciativas. Según contó Romano, el predio comenzó a recibir a scouts, emprendedores y distintos grupos interesados en utilizar las instalaciones.
“Yo creo que todo cambio y proceso tiene sus cosas buenas y sus contras. Lo bueno de esto es que estamos aprendiendo. El club tiene las puertas abiertas para toda sociedad, club o escuela que quiera el espacio”, sostuvo.
La idea es que Corsarios no sea solamente un lugar de entrenamiento y competencia, sino también un espacio de encuentro. Esa mirada amplía el alcance del proyecto y permite que la institución se vincule con personas que no necesariamente practican rugby o hockey.
El desafío de sostener una pasión
Romano conoce de cerca el vínculo que se construye con un club. Comenzó a jugar al rugby a los 16 años y desde entonces Corsarios ocupa un lugar central en su vida. Aunque sus hijos actualmente juegan en otro club, continúan ligados a la institución y acompañan a los chicos en distintas actividades.
“Me enamoré. Es mi segunda casa”, contó. Incluso, reveló que su esposa también es fanática del rugby, una muestra de cómo esa pasión terminó involucrando a toda su familia.
Pero el compromiso afectivo convive con una realidad exigente. Mantener las instalaciones, pagar los servicios y financiar las actividades requiere un esfuerzo permanente. Por eso, el club busca generar recursos propios y, al mismo tiempo, sostener una política de inclusión para que las dificultades económicas no impidan que los chicos sigan practicando deporte.
“Si no tenés, seguí viniendo, seguí entrenando, jugá. Nosotros no vamos a correr a nadie”, aseguró Romano. En paralelo, reconoció que el pago de las cuotas sociales es importante para garantizar la continuidad de la institución y que todavía queda trabajo por hacer para consolidar ese compromiso.
Actualmente, Corsarios desarrolla sus entrenamientos los martes y jueves por la noche, además de las actividades de rugby femenino y hockey. La incorporación del fútbol, la cancha de hockey y la ampliación de los vestuarios forman parte de un proyecto que busca diversificar la oferta deportiva y darle mayor sustentabilidad al club.
Romano también destacó el acompañamiento del municipio de Tafí Viejo durante el traslado y en los trabajos que se realizan en el predio. Para el dirigente, el respaldo institucional es importante, aunque el crecimiento cotidiano sigue dependiendo del esfuerzo de quienes sostienen la vida del club.
Con 79 años de trayectoria, Corsarios busca ampliar sus posibilidades sin renunciar a la identidad que lo acompañó desde sus orígenes. Las nuevas disciplinas, las obras y la apertura a la comunidad forman parte de ese camino, que todavía tiene objetivos por cumplir.
Y aunque hoy su responsabilidad sea conducir la institución, Romano no se imagina lejos de la cancha. Cuando le preguntaron si ya se considera un exjugador, respondió con una frase que refleja su vínculo con el deporte: “No, todavía no. No termino el año”.