El último debate televisivo previo al balotaje presidencial en Brasil derivó en momentos de máxima tensión entre el jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, y el candidato del Partido Liberal (PL), Flávio Bolsonaro. El cruce más ríspido se produjo cuando el legislador cuestionó la política salarial y la presión tributaria del Gobierno nacional, lanzando un ataque sobre la amputación del dedo meñique que sufrió el mandatario en un accidente laboral durante su juventud metalúrgica.
La réplica de Lula no se hizo esperar: tras rechazar el agravio y reivindicar su trayectoria en la clase trabajadora, acusó a su oponente de carecer de antecedentes laborales y de mantener vínculos con sectores parapoliciales. Ante el rechazo generalizado en el estudio, el referente del PL debió presentar disculpas, aunque de inmediato desplazó la discusión hacia las políticas de combate al delito y los límites de imputabilidad penal.
El intercambio incluyó además constantes referencias a la coyuntura regional y al modelo fiscal de la Argentina. Mientras que el oficialismo advirtió sobre el impacto social de las políticas de ajuste aplicadas en el país vecino, la oposición defendió las reformas económicas llevadas adelante por la administración argentina y acusó al actual Gobierno brasileño de comprometer la sostenibilidad del gasto público.
El debate abordó asimismo el encarecimiento de la canasta básica familiar, la entrada en vigencia del nuevo esquema del Impuesto al Valor Agregado (IVA), disputas territoriales contra el crimen organizado y las propuestas de transporte público gratuito. El encuentro televisivo representó la última gran instancia de confrontación antes de unos comicios que las principales encuestadoras proyectan bajo un escenario de estricta paridad técnica entre ambas fórmulas.