
En Tucumán, cada vez más adolescentes empiezan a hablar de identidad, conexión y pertenencia desde un lugar poco conocido para muchos: la comunidad therian.
Lejos de definirse como una moda, quienes forman parte de este movimiento lo describen como una vivencia personal y simbólica. Kira —apodo con el que se presenta dentro del grupo— es una de las administradoras de las redes y quien creó la cuenta Therian en Tucumán para visibilizar la comunidad en la provincia.
En diálogo con Mel Herrera para Parte de Prensa, explicó que el objetivo principal es generar un espacio seguro y respetuoso.
“Therian en Tucumán es un grupo de chicos que se sienten conectados con animales. Es como una conexión espiritual, personal. Compartimos eso con respeto. Es un lugar para hablar y sentirse entendidos”, sostuvo.
La iniciativa surgió a partir de una experiencia común: sentirse observados o juzgados en espacios públicos.
“Siempre que salíamos nos miraban raro. La gente estaba muy desinformada y no había juntadas therian acá en Tucumán. Eso me motivó a crear la cuenta, para encontrar a más personas como nosotros y que no se sientan solos por no ser igual que la gente”, cuenta.
La convocatoria comenzó a crecer a través de redes sociales, especialmente TikTok, donde comparten información y organizan encuentros. El número de integrantes varía constantemente.
“No podría decir un número exacto porque se suma gente todos los días”, señala.
El grupo está conformado mayormente por chicos y adolescentes, aunque remarcan que cualquier persona puede acercarse si lo hace con respeto.
Kira se identifica como perro, específicamente como un Golden Retriever. Describe su experiencia como algo íntimo y reflexivo.
“Desde pequeña sentía una conexión diferente con los animales. Soy vegetariana y me di cuenta que me gustaban demasiado los perros. En especial los Golden. Me gusta su forma de ser. Lo pensé bastante tiempo antes de contarlo. Para mí es algo personal y simbólico, es una forma de expresar quién soy”.
En las reuniones —que suelen realizarse en plazas o en casas particulares— organizan actividades, conversan sobre la comunidad, juegan, dibujan o crean máscaras. También practican quads, un tipo de desplazamiento en cuatro apoyos que forma parte de algunas expresiones dentro del movimiento.
“Nos gusta charlar, organizar nuevas juntadas, compartir cosas animales. Es un espacio tranquilo”, resume.
Como toda expresión juvenil que se expande en redes, la comunidad recibe tanto respaldo como cuestionamientos.
“Recibimos demasiadas críticas, pero también buenos comentarios. Se ofrecieron para crear máscaras, para ayudarnos, hasta camarógrafos para hacer sesión de fotos en la juntada. Tiene sus pros y sus contras como todas las cosas”, afirma.
Frente a los prejuicios, el grupo intenta responder con calma.
“Las críticas las manejamos con tranquilidad porque sabemos que es algo normal. Ya no nos afectan tanto. Nos gustaría que la gente entienda que no le hacemos nada a nadie. Solamente estamos siendo nosotros mismos”.
También reciben mensajes de padres que buscan comprender lo que viven sus hijos.
“A los padres que no entienden este movimiento les diríamos que pregunten con respeto y que escuchen a sus hijos, cómo se sienten, cómo se identifican. Para algunos puede parecer una moda, pero para muchos es parte de una identidad”.
En su caso personal, cuenta que el proceso familiar llevó tiempo: “Costó un poco aceptarlo, pero después lograron entender que así era yo”.
El próximo 28 de febrero, la comunidad realizará su primera junta abierta en la Plaza Urquiza. Será un encuentro pensado para conocerse, dialogar y compartir actividades recreativas.
“Se trata de un encuentro para conocernos, charlar y hacer actividades tranquilas. Puede haber sorteos y muchas más cosas”, anticipa Kira.
La convocatoria está abierta a quienes deseen acercarse desde el respeto. “Si alguien quiere sumarse, está bien. Solo pedimos que no juzguen sin saber qué es la comunidad therian”.
El evento marca un paso importante para la visibilización del grupo en la provincia y refleja el crecimiento que tuvo la iniciativa desde la creación de la cuenta.
El término therian hace referencia a personas que sienten una identificación profunda —espiritual, simbólica o personal— con un animal no humano.
No se trata de disfrazarse ni de un juego, según explican quienes forman parte del movimiento, sino de una forma de expresión de identidad.
En muchos casos, la comunidad funciona como espacio de contención entre pares que comparten experiencias similares.
En Tucumán, el crecimiento se dio principalmente a través de redes sociales y encuentros en espacios públicos.
Cuando se le pregunta cómo imagina a Therians Tucumán en un año, Kira responde con una mezcla de ilusión y cautela.
“Me lo imagino con muchos más amigos, muchas más especies, más comunidades. Queremos que crezca, pero sin perder el respeto que tenemos hacia nuestra comunidad”.
Y deja una reflexión final que resume el espíritu del grupo:
“Que la gente no juzgue sin saber. Muchas personas juzgan sin entender qué es la comunidad therian. Nosotros no le hacemos daño a nadie. Solo estamos expresando cómo nos sentimos”.
Para quienes quieran informarse o seguir las novedades del encuentro del 28 de febrero, la comunidad comparte contenido y detalles a través de su cuenta de TikTok @therians.tucumano, donde también difunden información mediante su canal oficial.
El 28 de febrero, en Plaza Urquiza, el grupo dará un paso más en su objetivo de visibilizarse desde el respeto y la expresión personal.




