habla con la calma de quien aprendió a convivir con el dolor. Pero su historia está lejos de ser tranquila: empezó como una salida obligada por una lesión y hoy lo tiene al borde de una de las pruebas más exigentes del planeta, el Espartatlón, en Grecia.
No empezó corriendo por pasión, sino por necesidad. A los 28 años, una grave dolencia en la espalda lo puso al límite de una cirugía y lo obligó a cambiar su vida. Lo que comenzó como una recomendación médica —caminar, trotar apenas unos minutos— terminó transformándose en una disciplina extrema. “Comencé muy de abajo, caminando, trotando de a poquito, hasta que me animé a competir en 10 kilómetros. Después vinieron los 21, los 42… y ahí descubrí que había algo más: la ultradistancia”, recuerda.
Ese “algo más” era un universo desconocido, reservado para unos pocos. “Decir que alguien corría el Spartathlon era de otro mundo. Tenés que estar muy preparado física y mentalmente. Sinceramente, no pensaba que tan pronto me iba a tocar”. Pero el progreso fue constante: carreras cada vez más largas, entrenamientos más exigentes y una marca en pruebas de 24 horas que le abrió la puerta a la clasificación.
Hoy, con 39 años, López entrena más de 120 kilómetros semanales. Detrás suyo hay un equipo completo: entrenador, nutricionista, kinesiólogo, psicólogo. Sin embargo, el origen de todo sigue presente. “Hay días muy feos, donde me duele mucho la espalda y tengo que reprogramar. Pero también estoy agradecido, porque gracias a eso encontré lo que me apasiona”.
El Spartathlon no es una carrera convencional. Son 247 kilómetros con un límite de 36 horas y 75 puestos de control con horario estricto. “Tenés que estar en movimiento todo el tiempo. Si llegás un segundo tarde a un control, quedas eliminado. No podés parar a dormir, no podés relajarte. Es todo estrategia y resistencia”, explica.
Pero el verdadero desafío no es solo físico. “Cuando el cuerpo no da más, la mente busca sacarte de carrera. Te llena de pensamientos negativos, quiere que abandones. Por eso entreno para el dolor, para que el día de la competencia no me encuentre con nada nuevo”. Y ahí aparece una de sus definiciones más profundas: “Conocí mi cuerpo, pero sobre todo mi cabeza. Ahí está el 90% de esto”.
Lejos de idealizar su camino, López pone el foco en la disciplina. “No hay límites, pero hay que tener perseverancia y convicción. Yo no soy ningún elegido. Lo que hago lo puede hacer cualquiera con entrenamiento”. Aunque el costo es alto: “Dejás muchas cosas de lado. Tiempo con la familia, con amigos. Si algo me falta en la vida es tiempo”.
Esa misma pasión lo llevó a crear su propio equipo de running en Tafí Viejo, donde hoy entrena a decenas de alumnos. “No solo me apasiona correr, también enseñarlo. Ellos me ven como un referente y me están ayudando mucho para poder viajar”.
Porque el sueño también implica un desafío económico. López se financia con rifas, apoyo de su entorno y la búsqueda constante de sponsors. “Voy a representar a mi provincia, a mi ciudad, a mi país. Es una carrera con tanta historia… voy a la cuna del atletismo”.
Y aunque todo parece extremo, su motivación es simple. “La primera vez que crucé una meta sentí algo tan lindo que quise volver a sentirlo. Y cada carrera que hago, sin importar la distancia, lo vuelvo a buscar”.
Quienes quieran acompañar su camino hacia Grecia pueden seguirlo en Instagram como
@lucianolopez267 o colaborar a través de su alias “
luciano.ultra”. También se encuentra en la búsqueda de sponsors y apoyos que le permitan cumplir el sueño de representar al país en una de las competencias más exigentes del mundo.