Según indicó, hoy el objetivo ya no es modificar completamente la apariencia de una persona sino mejorar pequeños detalles sin perder naturalidad. “No me gusta que un paciente entre al consultorio y salga completamente transformado. Trabajo mucho de manera progresiva y personalizada”, afirmó.
También explicó que cada vez son más los pacientes jóvenes que consultan para prevenir líneas de expresión antes de que se profundicen. “Hoy los pacientes llegan mucho antes al consultorio. A los 30 años se trabaja mucho en prevención y después, con el paso del tiempo, el objetivo pasa por reposicionar estructuras y mejorar la calidad de la piel”, sostuvo.
Uno de los tratamientos más conocidos continúa siendo la toxina botulínica, popularmente llamada bótox. “La toxina relaja la musculatura y se coloca principalmente en frente, entrecejo y patas de gallo. También puede utilizarse para bruxismo o sonrisa gingival”, detalló.
Además, explicó que los cambios comienzan a notarse rápidamente. “Entre el cuarto y quinto día ya se ven resultados y el efecto termina de asentarse alrededor de los 15 días”, indicó.
Ahí aparece otro de los tratamientos más pedidos: el ácido hialurónico. “Se utiliza para dar volumen o reposicionar estructuras perdidas. Hoy se trabaja mucho en labios, pómulos, mentón y reborde mandibular”, explicó.
En los últimos meses, los bioestimuladores empezaron a ganar terreno fuerte dentro de la estética facial. Se trata de tratamientos que apuntan a estimular al propio organismo para recuperar firmeza y calidad en la piel.
“Lo que hacemos es inducir a que el cuerpo vuelva a producir colágeno y elastina. Los cambios no aparecen de inmediato, sino de manera progresiva y natural”, señaló.
Para explicarlo de manera simple, utilizó una comparación que rápidamente conectó con el público: “Es como ir al gimnasio. Los resultados no aparecen de un día para otro”.
Según detalló, este tipo de tratamientos mejora notablemente la firmeza, luminosidad y textura de la piel, logrando un efecto mucho más natural y armónico.
Pérez Arguello también dejó en claro que muchas veces el trabajo profesional pasa por saber cuándo frenar. “Yo trato de mejorar aquello que realmente le molesta al paciente y no generar inseguridades nuevas donde antes no existían”, explicó.
Sobre el miedo a las agujas y los pinchazos, Rosario contó entre risas que muchos pacientes llegan mucho más asustados de lo que termina siendo el tratamiento. “Hay pacientes que llegan con muchísimo miedo y después se sorprenden porque esperaban algo mucho peor”, relató.
Los procedimientos son ambulatorios y permiten retomar rápidamente la rutina diaria. En algunos casos puede existir inflamación o enrojecimiento temporal, pero sin necesidad de reposo.
Otro dato que destacó durante la entrevista fue el crecimiento sostenido de pacientes masculinos que comenzaron a animarse a este tipo de tratamientos. “Cada vez más hombres consultan y se animan”, sostuvo.
En uno de los momentos más personales de la charla, recordó emocionada que su padre fue uno de sus primeros pacientes. “Era muy presumido y siempre se anotaba para todas mis prácticas. Después convencía a toda la familia”, contó.
Finalmente, remarcó que el primer paso siempre debe ser una consulta personalizada y responsable. “No todos necesitan lo mismo ni todos los tratamientos se aplican igual. Cada rostro tiene necesidades distintas”, concluyó.
La profesional atiende consultas personalizadas y puede ser contactada a través de Instagram en:
@od.roperezarguello.