El empate dejó conclusiones para ambos lados. San Martín sigue en deuda desde lo futbolístico y todavía está lejos de mostrar la identidad que pretende su nuevo entrenador. Sin embargo, también dejó señales positivas: capacidad de reacción, respuestas desde el banco y la fortaleza necesaria para no regresar con las manos vacías.
En el inicio del ciclo Orfila no hubo victoria, pero sí un mensaje claro. Este San Martín aún está en construcción, pero mostró que tiene recursos para competir, incluso cuando las cosas no salen como estaba previsto. En una categoría tan exigente como la Primera Nacional, sumar fuera de casa siempre tiene valor. Mucho más cuando se trata del primer paso de un nuevo proyecto.
El Santo rescató un punto en Turdera, cortó una dinámica adversa y abrió una nueva etapa con una certeza: todavía queda mucho por mejorar, pero el camino comenzó sumando.