Los primeros intentos de apertura se remontan a los años 90, cuando Fidel Castro rechazó reformas liberales tras la desintegración soviética. Desde entonces, Cuba mantuvo un modelo rígido que derivó en una economía debilitada por errores internos, corrupción y el embargo estadounidense vigente desde 1961, agravado por Trump con un bloqueo petrolero total.
Hoy, la isla enfrenta apagones de hasta 60 horas, escasez de alimentos y medicinas, y un colapso en el transporte y el turismo. “En Cuba lo que hay es una bancarrota. La gente no tiene electricidad, agua, alimentos, medicinas. La canasta se acabó. No se recoge la basura”, advirtió Pérez.
El desafío político
Aunque en la OEA el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau reclamó reformas políticas inmediatas, en La Habana nadie habla de apertura democrática. El objetivo es estrictamente económico: evitar un estallido social y garantizar la supervivencia del sistema bajo nuevas reglas de mercado.