La salud mental atraviesa la vida cotidiana, pero muchas veces queda relegada detrás de las obligaciones, las preocupaciones económicas y la dificultad para reconocer que algo no está bien. En una sociedad que parece exigirnos estar siempre activos, responder a todo y seguir adelante sin detenernos, hablar de lo que sentimos puede convertirse en un desafío.
Sobre esa realidad reflexionó la psicóloga
Daiana del Campo, presidenta de la Fundación Un Mundo Diferente, durante su visita a
Parte de Prensa. En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado el 10 de octubre, y del Día del Psicólogo en Argentina, celebrado el 13 de octubre, planteó la necesidad de darle al bienestar emocional la misma importancia que a la salud física.
La profesional expresó su preocupación por la frecuencia con la que escucha noticias de suicidios. Incluso contó que esa misma mañana se había enterado de la muerte de una persona conocida en Tucumán. La situación reforzó su convicción de que es necesario hablar de salud mental y reconocer las señales de alerta antes de llegar a situaciones extremas.
Del Campo remarcó que el cuidado emocional no se limita a asistir a terapia: también implica construir redes de apoyo, prestar atención a quienes nos rodean y animarse a conversar cuando algo nos supera. Durante la entrevista se habló, además, del estrés laboral y de las licencias por motivos de salud mental, una problemática que también preocupa en ámbitos como la docencia.
Para la psicóloga, uno de los grandes obstáculos es que muchas personas esperan hasta sentirse desbordadas para buscar ayuda. Mientras tanto, conviven con la ansiedad, la angustia y el agotamiento sin encontrar un espacio para expresar lo que les pasa.
Frente a las dificultades económicas, los conflictos familiares, las separaciones y las exigencias del trabajo, Del Campo propuso recuperar pequeñas experiencias cotidianas que permitan encontrar bienestar. No se trata de eliminar los problemas, sino de incorporar momentos que hagan más llevadera la vida.
También cuestionó la necesidad permanente de producir y estar ocupados. En una época atravesada por las pantallas, las notificaciones y las obligaciones, incluso descansar puede generar culpa.
“Perdimos ese sabor de estar tranquilos en la casa”, sostuvo. Y dejó una reflexión que interpela las rutinas aceleradas: “¿Qué es perder el tiempo? Recuperemos ese valor de perder el tiempo que en realidad no es perderlo, es aprovecharlo”.
La psicóloga destacó, además, la importancia de volver al presente: compartir una comida con los hijos sin estar pendiente del teléfono, escuchar de verdad a alguien o disfrutar una actividad placentera. Son gestos sencillos que pueden ayudar a salir, aunque sea por momentos, de esa anticipación constante que suele acompañar a la ansiedad.
Uno de los puntos más profundos de la charla apareció al hablar de la dificultad para expresar las emociones. Ante la pregunta habitual “¿cómo estás?”, muchas personas responden automáticamente “bien”, aunque estén atravesando un momento complicado.
“Socialmente la vulnerabilidad está mal vista”, explicó Del Campo. Según señaló, muchas personas aprendieron a esconder la tristeza, el cansancio o las ganas de aislarse porque temen ser juzgadas. En lugar de contar lo que les sucede, prefieren callar y resolverlo todo en soledad.
“Nos molesta pedir ayuda porque sentimos que incomodamos al otro”, resumió.
Esa idea puede aparecer incluso en situaciones cotidianas: no querer pedir permiso para pasar entre personas sentadas a una mesa o evitar contarle un problema a un amigo porque se supone que está demasiado ocupado. Para Del Campo, detrás de esos comportamientos puede existir el temor a convertirse en una carga para los demás.
El problema es que ese miedo termina cerrando puertas que podrían ofrecer contención. Incluso puede llevar a que una persona que no se permite hablar de sus propios problemas tampoco habilite a otros a expresar los suyos.
Por eso, su recomendación fue empezar por algo esencial: animarse a conversar con quienes nos rodean. Si es posible acceder a un espacio terapéutico, la atención profesional puede ser una herramienta importante. Pero también reconoció que las dificultades económicas pueden hacer complicado sostener un tratamiento y planteó que, mientras tanto, hablar con alguien de confianza puede ser un primer paso.
Del Campo también puso el foco en las palabras que utilizamos para hablarnos a nosotros mismos. Frases como “no sirvo para nada” o “todo me sale mal” pueden reforzar una mirada negativa y alimentar un círculo de pensamientos y comportamientos que se repiten.
“Todo lo que yo me hablo a mí misma, lo que le digo a mi mente, mi mente lo reproduce en acciones que se traducen en hábitos, en comportamientos”, afirmó. Su planteo no consiste en negar las dificultades ni en fingir que todo está bien, sino en reconocer esos pensamientos y evitar que definan por completo la manera en que nos vemos.
En esa misma línea, destacó la importancia de aprender a decir que no y establecer límites. Priorizar las propias necesidades no significa dejar de considerar a los demás, sino reconocer que el bienestar personal también requiere tiempo, espacio y decisiones propias.
Además de su labor como psicóloga, Del Campo preside la Fundación Un Mundo Diferente, que organiza el evento solidario Una Navidad Diferente. Durante la entrevista anticipó que el equipo comenzará a reunirse para preparar la edición de 2026 y que habrá novedades y propuestas renovadas. También contó que brinda atención psicológica virtual a pacientes de distintas localidades y países.
Pero su mensaje principal fue más allá de una fecha conmemorativa: pedir ayuda no debería ser motivo de vergüenza, y mostrarse vulnerable no significa ser débil. En tiempos de exigencias constantes, aprender a escuchar y dejarse acompañar puede marcar una diferencia.
“Nos animemos a hablar con la gente de nuestro entorno”, pidió. Y dejó una reflexión que sintetiza el sentido de toda la charla: “Nos podemos sorprender muchísimo de la cantidad de amor que nos rodea y que no lo estamos viendo, y que ese amor nos puede sostener”.