La reducción del uso de efectivo tiene consecuencias para el funcionamiento del sistema financiero. Con menos operaciones presenciales, la extensión de las redes de sucursales y cajeros pierde parte de la importancia que tuvo históricamente para las entidades bancarias.
Incluso los bancos tradicionales avanzan hacia modelos de atención con mayor presencia digital, priorizando las aplicaciones, las plataformas de autogestión y los canales virtuales. Esta tendencia también alcanza a la banca pública, que enfrenta el desafío de modernizar sus servicios sin descuidar la atención en localidades pequeñas y barrios periféricos, donde la infraestructura física todavía puede resultar fundamental.
El retroceso del efectivo, en definitiva, va más allá de una menor cantidad de retiros. Los datos muestran una transformación en la relación cotidiana de los argentinos con el dinero, con efectos sobre los hábitos de consumo, la organización de los bancos y el futuro de la infraestructura financiera.