Pero el foco no se limitó al estado de las calles. Canelada también denunció el impacto social directo de la falta de mantenimiento urbano: accidentes de motociclistas, adultos mayores aislados y barrios enteros donde circular se volvió una odisea. Describió escenas que ya forman parte de la vida diaria: calles convertidas en verdaderos ríos, líquidos cloacales mezclados con agua de lluvia y vecinos construyendo pasarelas improvisadas con ladrillos o maderas para poder salir de sus casas. “Estamos naturalizando manejar con estrés, esquivando cráteres. Eso es peligroso y no puede ser normal”, advirtió.
En paralelo, el concejal endureció sus cuestionamientos hacia la intendenta
Rossana Chahla al poner sobre la mesa promesas incumplidas. Recordó que durante la campaña se habló de resolver problemas estructurales en 180 días. “Los vecinos contaban ese plazo esperando respuestas. Hoy ni siquiera se animan a poner fechas. Eso no es prudencia, es admitir que no hay un rumbo claro”, afirmó, marcando un contraste directo entre el discurso electoral y la gestión.
También apuntó contra la falta de respuestas ante las inundaciones y cuestionó el bloqueo en el Concejo Deliberante a un pedido de citación para que la jefa municipal brinde explicaciones. “La ciudad se inunda con cualquier lluvia. Hay un plan con puntos críticos, pero no sabemos qué se hizo. Evitar dar explicaciones no le mejora la vida a nadie, solo profundiza la desconfianza”, remarcó, insistiendo en que el control político es una obligación y no una confrontación.
El diagnóstico se completó con una fuerte crítica al sistema de transporte público, al que definió sin rodeos como “colapsado”. Canelada advirtió que las líneas funcionan sin un marco legal actualizado, lo que evidencia —según dijo— una parálisis estructural en la gestión. Cuestionó además la continuidad de subsidios sin mejoras visibles en el servicio. “Se sigue poniendo dinero mientras el servicio no mejora. Unidades en mal estado, frecuencias irregulares y usuarios completamente fuera del debate. Así no hay solución posible”, sostuvo, poniendo el foco en la ausencia del usuario como eje de la política pública.
El edil dejó en claro que busca instalar una agenda incómoda para el oficialismo, apoyándose en el creciente malestar ciudadano. “Acá no se trata de una pelea política —cerró—. Se trata de una ciudad que no está funcionando. Y cuando eso pasa, alguien tiene que hacerse responsable, mientras Tucumán sigue acumulando problemas sin resolver”.