El sector también enfrenta una estructura de gastos crecientes: mano de obra, combustibles, fertilizantes y transporte. Rovella destacó: “La mano de obra representa el componente más delicado. Las paritarias reflejan la tensión entre inflación y capacidad real de pago de las empresas”.
En el plano internacional, la demanda de limón argentino se mantiene firme en mercados como Europa, Estados Unidos y Rusia, aunque la volatilidad global en energía y fletes marítimos genera incertidumbre. “La inestabilidad en Medio Oriente y otros conflictos globales generan impacto directo sobre la logística internacional”, advirtió Rovella.
Los productores reclaman previsibilidad macroeconómica, infraestructura rural y políticas que fortalezcan la competitividad exportadora. “La clave pasa por producir de manera razonable y responsable para proteger el ecosistema del limón argentino y sostener previsibilidad para el productor”, concluyó Sánchez Loria.