El objetivo de fondo es mucho más ambicioso: incrementar exponencialmente la producción hacia 2030 o 2031 y alcanzar una escala comercial capaz de abastecer parte del mercado nacional con producción propia.
De todos modos, desde el sector aclaran que el café no llega para reemplazar a las actividades tradicionales que sostienen la economía tucumana, como la caña de azúcar o el limón, sino para ampliar la matriz productiva de la provincia y abrir nuevas oportunidades.
“El café no viene a competir con ningún cultivo. Viene a ampliar las barreras de producción”, concluyó Jasinski.