El caso llamó la atención de analistas financieros porque, hasta el momento, Peabody mantenía una foja impecable en el Banco Central, sin cheques rechazados ni atrasos bancarios. El problema no fueron las moras previas, sino la pérdida de rentabilidad por la caída del consumo y la competencia de productos importados.
El vencimiento impago correspondía al Servicio N°7 de intereses, por un total de $42,77 millones, mientras que el capital adeudado asciende a $510 millones. Aunque los inversores cobraron gracias a la garantía, la deuda persiste y ahora las entidades avalistas quedan en posición de reclamar dentro del concurso.
El presidente de la firma, Dante (Do Sun) Choi, había advertido sobre el impacto de la apertura importadora y la baja de precios para competir, factores que comprimieron los márgenes de ganancia. En busca de sobrevivir, la empresa trasladó parte de su producción a Paraguay, desde donde abastece al Cono Sur.
Sin embargo, el ajuste estructural no alcanzó para evitar que la falta de liquidez golpeara de lleno a la compañía, que ahora enfrenta un escenario judicial y financiero complejo, con su marca histórica en riesgo.