El director del observatorio reconoció que la baja de la indigencia es más consistente, vinculada a la desaceleración de la inflación en alimentos. Sin embargo, advirtió que la pobreza estructural se mantiene en torno al 25% o 30%, con un leve deterioro en el último trimestre.
“La clase media baja es la más afectada, achica gastos corrientes y paga más tarifas, lo que reduce el consumo de productos básicos”, señaló. También alertó por la caída en inversión en capital humano: “La gente no mejora su casa, reduce gastos en salud y educación y se siente más ajustada”.
Finalmente, vinculó la persistencia de la pobreza con la falta de empleo de calidad: “El empleo privado está estancado, el público cae y hay más empleo informal y precario”. Para Salvia, el país atraviesa un escenario de estancamiento social, sin crisis alimentaria pero sin perspectivas de mejora.