El alza se da en un contexto internacional marcado por la suba del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente, aunque en la Argentina los precios en surtidor no siguen de manera lineal la cotización del crudo. Incluso en escenarios de baja internacional, los valores locales continúan ajustándose, en gran parte por el atraso relativo que arrastraban frente a los precios globales.
El impacto es contundente: en términos interanuales, los combustibles registran incrementos de hasta 63,6%, muy por encima del 33,1% de inflación acumulada en el mismo período. Esta brecha no solo golpea directamente a los consumidores, sino que también encarece la logística, presiona sobre los precios de bienes y servicios y enfría el consumo.
Desde YPF, su CEO Horacio Marín explicó que las subas responden, en parte, al mayor costo de refinación, impulsado por la necesidad de comprar crudo a terceros. Según sostuvo, se trata de una actualización de precios transitoria y, en comparación internacional, los ajustes locales se ubican entre los más bajos.
Sin embargo, el precio final también está fuertemente condicionado por la carga impositiva. Los Impuestos a los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono inciden de forma directa en el valor en surtidor. En este marco, el Gobierno optó por postergar la actualización prevista para abril, en un intento por contener una nueva escalada.
La normativa vigente establece que estos tributos se ajustan de manera trimestral según el Índice de Precios al Consumidor, aunque durante 2025 y lo que va de 2026 el Ejecutivo aplicó incrementos parciales para amortiguar el impacto.
En paralelo, se habilitó a las petroleras a elevar el corte de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%, por encima del 12% anterior. Si bien la medida no representa riesgos para los motores, especialistas advierten que podría reducir el rendimiento y aumentar el consumo, sumando otro factor de presión para los usuarios.
Con este escenario, el combustible se consolida como uno de los motores silenciosos de la inflación, con efectos que se expanden mucho más allá del surtidor y que amenazan con seguir marcando el pulso de la economía en los próximos meses.