El desfase entre los informes oficiales y la experiencia de millones de familias se explica, en parte, por la forma en que el Gobierno mide la pobreza e ingresos. La baja estadística se sustenta en la decisión de Milei y Caputo de mantener la canasta de consumo de hace más de 20 años, ignorando una actualización que reflejaría mejor los aumentos recientes en servicios y tarifas energéticas.
Asimismo, la consultora Equilibra advirtió que la EPH sobreestimó la baja de la pobreza al captar mejor los ingresos laborales, lo que no se traduce necesariamente en mayor poder adquisitivo real. Según sus análisis, la mejora interanual de los ingresos laborales, reflejada por la EPH, superó en muchos casos el dígito, mientras que el PBI creció solo 2,1% en el mismo período.
Equilibra precisó que los incrementos interanuales del salario formal (Índice de Salarios: 30%, SIPA: 32%, RIPTE: 37%) quedaron varios puntos por debajo del aumento del ingreso asalariado formal registrado por la EPH (43%), lo que evidencia que los cambios en la captación de datos exageraron la baja de pobreza.
En este contexto, especialistas advierten que el descenso estadístico de la pobreza no refleja la realidad de millones de familias, afectadas por licuación de salarios, quita de subsidios, aumentos de tarifas, mayor endeudamiento y disparada de la mora bancaria y fintech.