En medio del debate nacional por la reforma electoral impulsada por el gobierno central —con eje en la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (
PASO) y la implementación de la
Boleta Única—, Jaldo fijó una posición crítica y dejó en claro que, a su entender, no se trata solo de una discusión técnica sino de poder político y reglas de juego. “El gobierno nacional está intentando hacerse un traje a medida en materia electoral”, advirtió, enmarcando la iniciativa dentro de una disputa más amplia por el control del sistema electoral.
Para el mandatario, las PASO cumplen un rol estructural dentro de la democracia porque ordenan la vida interna de los partidos, canalizan la competencia y amplían la participación. En ese sentido, sostuvo que permiten que cualquier ciudadano pueda competir dentro de su espacio político y legitimar candidaturas a través del voto. Por eso remarcó que su eventual eliminación implicaría un retroceso: “Es en perjuicio de todos los partidos políticos, pero fundamentalmente de los ciudadanos”.
Respecto de la Boleta Única, evitó profundizar en aspectos técnicos pero dejó en claro su rechazo político. Señaló que no se trata de un cambio neutral y que, en el contexto actual, forma parte de un rediseño más amplio de las reglas electorales. En esa línea, anticipó que impulsará un pronunciamiento del Partido Justicialista tucumano para fijar posición frente a la iniciativa nacional.
Al referirse al calendario electoral, Jaldo indicó que Tucumán mantiene una previsión relativamente estable, con elecciones entre mayo y junio, aunque dejó abierta la posibilidad de ajustar decisiones en función de lo que defina Nación. En paralelo, evitó avanzar sobre candidaturas al señalar el delicado contexto económico y social: “Hoy no estamos pasando una buena situación… hablar de candidaturas es adelantarse”. No obstante, destacó la dinámica de trabajo con el vicegobernador
Miguel Acevedo y el acompañamiento legislativo logrado incluso en escenarios de disidencia.
Dentro del peronismo, el gobernador también se refirió a las versiones sobre una posible intervención del partido a nivel nacional, en un contexto atravesado por movimientos de dirigentes como Gustavo Sáenz y Raúl Jalil junto al juez Ariel Lijo. Frente a ese escenario, planteó la necesidad de ordenar y normalizar el PJ: “Hoy en el Movimiento Nacional Justicialista no sobra nadie”, afirmó, aunque también marcó que algunos dirigentes ya cumplieron su ciclo y deben reubicarse tras el veredicto electoral.
Jaldo interpretó que el peronismo atraviesa una etapa de transición en la que las decisiones tenderán a construirse desde las bases, con mayor protagonismo de los gobernadores y menos lógica vertical. En ese marco, analizó la situación del gobernador bonaerense Axel Kicillof, a quien consideró en proceso de instalación nacional. Si bien reconoció su peso político, relativizó sus posibilidades sin acuerdos amplios: “Una golondrina no hace verano”.
Finalmente, insistió en que el futuro del peronismo dependerá de su capacidad de construir una propuesta competitiva acorde a una sociedad que —según describió— “cambió y maduró”. Para ello, consideró imprescindible actuar con “desprendimiento y generosidad”, evitando personalismos y apostando a una estrategia colectiva. En ese cruce entre reglas electorales en discusión y liderazgo en disputa, Jaldo dejó planteado un mensaje de fondo: sin un peronismo ordenado y sin garantías claras en el sistema electoral, será difícil consolidar una alternativa política capaz de responder a las nuevas demandas sociales.